1.1.17

LA LLAVE DE LUZ (fragmento)

PRIMER LIBRO


EL NIÑO SIN MEMORIA


Al principio, cuando no existían presente, pasado o futuro y todo era un solo momento; en ese instante se escribió una historia ya olvidada la cual se inició una noche de luna llena en las inmediaciones de uno de los bosques más perfectos y verdes del continente de Sorián.
En ese lugar empezó el recorrido un único protagonista; un niño de extraña apariencia que no recordaba quién era. Solo recordaba el terror que abrigaba su corazón; antes de morir de miedo y soledad fue rescatado por manos gentiles que lo guiaron a una cama mullida y un cálido fuego que calmaron su temeroso corazón haciéndolo dormir profundamente y entre sueños suspiraba inconsciente: “Estoy solo, nadie me quiere y estoy solo.”
-       Calma mi niño, todo estará bien – le susurraba una suave voz, despertándolo del profundo sueño en el que había caído.

Todo se desvaneció de la mente del muchacho llevándose aquellos recuerdos hasta que finalmente  abrió sus ojos fijándolos en un techo extraño que no reconocía.
-       Que bien que estés despierto, ahora me dirás qué te pasó - dijo una voz que provenía del exterior de la habitación donde descansaba el chico.

Una figura vestida con una túnica blanca y de apariencia rolliza entró a la habitación con una charola llena de manjares para él, los cuales, en cuanto los vio los devoró sin demora, a vista y paciencia de la sonriente mujer quien parecía ser hecha de cristal por la suavidad de su piel.

-       ¿Dónde estoy? - preguntó el joven sin dejar de devorar su comida.
-       Estás en mi casa, soy Edorin, protectora de los bosques del este –decía la joven mujer, mientras se sentaba en una silla de mimbre.
-       Yo creo reconocer ese nombre – se dijo a sí mismo el muchacho dejando de comer.
-       Es difícil que alguien no conozca a uno de los elfos más antiguos de la tierra.

Cuando escuchó esas palabras sus ojos se abrieron de par en par y observó las dos orejas puntiagudas que sobresalían por entre el cabello rubio de la mujer.

-       ¡Eres un elfo! - exclamó sorprendido.
-       Lo soy en verdad, de lo contrario nunca hubiera podido curar tus heridas, que eran de por sí mortales. ¿Me dirás quién te las hizo?
-       No lo sé, todo está muy confuso, recuerdo muy pocas cosas de mi pasado – decía, mientras se rascaba su cabeza aun adolorida.
-          Entonces tendremos que averiguarlo poco a poco, ¿recuerdas tu nombre?
-          La verdad es que no recuerdo nada de mí.
-          Bien pues te daré un nombre  –dijo la joven dama con una sonrisa – Me recuerdas a alguien que conocí hace tiempo ya, te llamaremos: Kishiro, si estás de acuerdo en ello.
-          En realidad, hubo un nombre que recuerdo, no sé si es el mío, pero en mi sueño era como si lo fuera.
-          ¿Y cual será ese?

-          Laitalë.


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