5.9.16

El hombre gris

Cuando el hombre gris toco la puerta hace ya varios meses para ofrecer los productos que guardaba en su maleta esbozando una gran sonrisa, la pequeña Graciela no supo que decir con excepción de gritar por su mamá. Con suaves palabras el extraño hombre fue convenciendo a la mujer de adquirir sus productos, luego de unas cuantas visitas más el hombre gris ya ingresaba a su pequeño departamento para disfrutar de la compañía de la mujer y su pequeña con una taza de café y pronto el caballero gris se encontró sin que ni la madre o la pequeña niña se dieran cuenta jugando en el patio de atrás con ambas.

-  Tal vez sea porque estamos solas pero algo me dice que él es el indicado – le decía la madre a su    
    hija al despedirse del hombre al caer la tarde.

A mediados del mes, cuando el hombre de gris sugirió a la madre de Graciela llevarla a una fiesta no muy lejos de allí al principio la señora dudo, pero luego de insistir que sería una excelente forma de acercarse a la niña y formar lazos más fuertes la joven viuda acepto con una gran sonrisa.

El hombre de gris y la pequeña Graciela caminaron por varias cuadras tomados de la mano sin decirse una sola palabra, la pequeña sentía un miedo inconsciente por el señor que parecía guardar oscuros secretos a pesar de sus agradables palabras y su dulce sonrisa.

- Calma pequeña Gracie, ya estamos por llegar, en cuanto estemos en el portón espérame afuera, yo te   diré cuando puedas entrar para que todos podamos jugar juntos, ¿Ok?
-  Si señor – dijo Graciela con algo de temor en su voz.

Al llegar a la casa al final de un pequeño bosque el hombre de gris hizo que la niña lo esperara un momento, él le diría cuando podría ingresar. El lugar se veía descuidado y abandonado, con la pintura cayéndose y un fuerte olor a humedad en los alrededores pero eso no era lo que perturbaba a la pequeña Graciela, lo que la asustaba realmente era que no había ningún sonido, a pesar de ser aun de día y estar cerca de la ciudad no había ningún tipo de ruido en los alrededores, como si todo estuviera despojado de vida.

- Ya puedes entrar pequeña Gracie – dijo el hombre de gris desde lo más profundo de la casa – debes 
   encontrarnos, estamos escondidos.

Al escuchar al hombre de cenizo canturrear la llamada todas las preocupaciones que estaba acumulando Graciela en su interior se disiparon haciendo que sus delgadas piernas corrieran al interior de la casa.

-  ¿Dónde están? – grito la pequeña Graciela observando el interior de la casa descuidada y sucia.
-  Búscanos, tenemos una sorpresa – grito el hombre color ceniza con una voz que parecía fluir de todos los 
    rincones de la casa.

La peña Graciela empezó a correr por los pasillos buscando detrás de las puertas apolilladas, bajo los muebles descoloridos y detrás de las cortinas rasgadas, con cada segundo que pasaba parecía que el lugar se presentaba como una tumba vacía y fría, algo en los más profundo de la mente de la niña le gritaba que algo estaba terriblemente mal con el lugar donde el hombre gris la había llevado pero cuando empezaba a dudar sobre la situación la dulce voz del hombre resonaba fantasmagóricamente en cada rincón de la vieja casona a que los buscara, que estaba cada vez más cerca.

- ¿Están en el segundo piso? – grito la niña riendo sin prestar atención a las señales de peligro a su 
   alrededor.
-  Descúbrelo tu misma pequeña Gracie – respondió el hombre.

Al ingresar a la primera habitación la encontró con muebles viejos y llena de una gruesa capa de polvo y telarañas, la segunda habitación estaba vacía pero en el piso de tablas se encontraba dos enormes tanques llenos de huesos y alrededor enormes manchas rojo oscuro.

La sonrisa de Graciela se silenció.

-  ¿Qué es este lugar señor? – pregunto con algo de temor en su voz.
-   Es la casa donde jugamos todos pequeña Gracie, ven y encuéntranos – respondió el hombre gris.

Todas las señales de peligro empezaron a encenderse en la cabeza de la pequeña pero su madre confiaba en ese extraño señor y lo había enviado con él a esa casa, no había razón para desconfiar, ¿Cierto?

-   ¿Estoy cerca? – pregunto Graciela – estoy algo asustada.
-   Tranquila pequeña Gracie, estas bastante cerca.

Al ingresar al tercer y último cuarto del segundo piso se encontró con un grupo de niños observando por la única ventana de la última habitación en silencio, no entendía que sucedía, ¿era parte del juego? Se fue acercando lentamente escuchando únicamente su respiración y el crujido del piso de madera bajo sus pies hasta que toco el hombro de uno de los niños haciendo caer a todo el grupo al piso, estaban atados de pies y manos, sus ojos demostraban enorme terror como si imploraran ayuda.

-  Qué bien mi pequeña, nos has encontrado – dijo una voz a sus espaldas.

Al voltearse los ojos de Graciela se abrieron como platos al observar que la persona frente a ella ya no era gris sino un ser pálido como un cadáver con una mano en forma de cuchillos y otra en forma de martillo esgrimiendo una enorme sonrisa mientras susurraba: 

-    Contemos hasta diez pequeña Gracie y sigamos jugando.

La sangre, viseras y gritos de la niña inundaron toda la casona abandonada pero ningún ser humano la escucho, solo el hombre gris y sus víctimas que ahora descansan bajo tierra.

A la semana una carta se deslizo por debajo de la puerta de la angustiada viuda detallando cada perturbador detalle de como el hombre gris devoro la carne de Graciela y agradeció a la madre por ser tan buena anfitriona agregando varios cientos de dólares para que guardara silencio o el vendría por ella porque según lo que afirmaba la carta: aun tenia hambre.




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