14.9.14

La trampa de Helheim - Parte Catorce

Un caballero delgado y de piel oscura camina por un angosto corredor mientras juega con un llavero, en un momento se detiene percatándose de la puerta abierta y de una figura masculina emergiendo de aquel cuarto golpeándose la cabeza en aparente frustración, lo reconoce y con una sonrisa lo saluda haciendo que ese hombre se abalance como una bestia gritando e insultándolo contra él hasta lanzarlo contra el piso mientras lo golpea.

- ¿Dónde demonios estabas? ¿Dónde? – gritaba el detective Augusto Gómez mientras su puño golpeaba al supervisor de seguridad sin darle tiempo a responder.
Un par de manos agarraron con fuerza al detective mientras lo separaban del supervisor quien sangraba profusamente de la nariz y la boca.
- Señor cálmese – resoplaba una voz familiar para el detective mientras luchaba por seguir golpeando al supervisor de seguridad.
- ¿Dónde estabas? – preguntaba.
- Estaba en la estación de bomberos policía imbécil – respondió Farías mientras se levantaba y se limpiaba la sangre del rostro.
Un golpe hizo reaccionar al detective, era la oficial de policía Mendieta quien había llegado hacia poco para observar aquella escena.
- Compórtate detective – le exigió la oficial observando a los ojos perdidos del detective Gómez.
Poco a poco la respiración del detective se fue calmando y el cuerpo dejo de retorcerse recobrando la cordura perdida.
- ¿Nicole? ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunto mientras trataba de darle sentido a las distorsionadas imágenes que se iban formando a su alrededor.
- El jefe me pidió a mí y a otros compañeros que viniéramos y suerte que llegue a tiempo antes de que le reventaras el rostro a ese sujeto.
Augusto no comprendía lo que sucedía y trato de disculparse y explicar lo que había sucedido en el elevador.
- Yo tenía razón – balbuceo Pedro mientras soltaba al detective Gómez – esto es cosa de Satanás.
La policía los observo incrédula por todo lo que escuchaba y veía a su alrededor y los obligo a todos a ingresar a la oficina de seguridad.
- Quiero presentar cargos a este hijo de puta – exigió Farías mientras sostenía un pañuelo en su nariz.
- Podrá presentar cargos en la delegación cuando saquemos a esas personas de allí – señalo la oficial señalando las pantallas de la cámara de seguridad – Ahora, me quiere alguien decir, ¿A qué piso iba toda esa gente?
- Iba al piso treinta y tres.
- ¿Y a quien iban a ver?
- No lo sé.
- ¿Cómo que no lo sabes pedazo de mierda? – grito el detective Gómez mientras el guardia de seguridad volvía a sujetarlo y lo sentaba en una silla cercana a los monitores.
- Basta Augusto, tus rabietas no funcionaron en nuestro matrimonio y no funcionaran ahora en este caso – le dijo la oficial mientras esposaba al detective a la silla.
- ¿Estaban casados? – pregunto Pedro al detective casi en susurros.
- Solo un tiempo – dijo el detective mientras trataba de calmarse.
- Retomemos el caso si a los presentes no les molesta – dijo Nicole observando a Pedro y a Augusto de reojo – Ahora bien, ¿Por qué no lo sabe?
- La mayoría de las oficinas son de empresas extranjeras – respondió el supervisor – la mayoría de las oficinas tienen personal rotativo, cada semana viene un grupo del extranjero, creo que del norte de Europa o algo así, lo que sí puedo asegurarles es que la gente del piso treinta y tres siempre ha sido muy reservada, llegan bien temprano y se van mas tarde que cualquiera de los que trabajan aquí.
- ¿Todo el piso es de ellos?
- Si.
- Esa empresa o grupo, ¿tiene algún nombre?
- No, solo una señal rara de una estrella con una paloma de color negro y una espada a través de ambos.
- Suena a algún grupo de seguridad organizado.
- Podrían ser paramilitares – resoplo el detective algo más calmado.
- Deberíamos echar un vistazo – dijo Nicole observando a Augusto.
- Pero señora – interrumpió Pedro - ¿A quién dejaremos con los que están atrapados?
Nicole lo medito un momento y respondió:
- Podrías quedar tú, los bomberos y el departamento de mantenimiento del edificio están tratando de abrirse paso por el tubo del elevador y revisando el panel eléctrico así que solo sería cosa de esperar.
- No creo que deberías dejar a este fanático encargado de esta gente – dijo Augusto – él cree que todo esto es obra del diablo.
- Tampoco puedo dejarte aquí después de lo que vi.
- Yo puedo quedarme – dijo Farías.
- Supongo que no nos queda otra opción – acepto la oficial de policía mientras hacía que liberaran al detective de las esposas.
Antes de salir de la habitación de seguridad el detective le prometió que si mas personas morían sin importar lo que le pasara a su carrera él se encargaría de hacerle pagar.
- Está loco – mascullo el supervisor mientras empujaba al detective y se sentaba frente al grupo de monitores tratando de arreglar la imagen que se empezaba a distorsionar.



La trampa de Helheim - Parte Trece

El celular del detective sonó de forma insistente.

- ¿Aló?
- Soy yo Gómez, ¿aun siguen atrapados?
- Hola Nicole, si aun estoy aquí y esto se está complicando demasiado, creo que sería bueno algo de ayuda.
- Deberías, ya he investigado a los que están en el ascensor y… no son buenas noticias.
- ¿A qué te refieres?
- Todos tienen antecedentes, uno de ellos, el tal Michael es buscando por la interpol por asesinato y poner en riesgo vidas inocentes por sus diseños defectuosos.
- ¿Eso quiere decir que están conectados?
- No, su única conexión son sus crímenes pero aparte de eso al parecer ninguno se conocía hasta el día de hoy.

El detective empezó a observar los monitores que mostraban una sola gigantesca imagen del grupo y se fijo en el joven estudiante sentado contra la pared.

- Nicole, ¿Cuáles son los antecedentes de Marco Guerra Junior?
- Ha sido fichado por posesión de armas y sospecha de homicidio pero nunca se encontraron suficientes evidencias que lo vinculen.
- Pudo haber tenido ayuda de alguien con poder para salvarse, ¿No?
- Te refieres al concejal, pero el solo ha sido sospechoso de recibir sobornos para que traficantes de tierras puedan revender terrenos ya ocupados, ¿Por qué crees que están relacionados?
- No lo sé, solo es una corazonada – dijo cerrando la llamada mientras le daba las gracias a la cadete de policía.
Las manos callosas del concejal fueron acomodando los sobres encima del suéter de Valeria tratando de entender la razón de aquellas invitaciones; ninguno se conocía entre sí. El papel era grueso pero fuera de las letras doradas no mostraban ninguna marca excepto unas manchas extrañas en los filos de las cartas.
- ¿A qué piso les dijeron que fueran? – resonó la voz del detective por el intercomunicador.
Ninguno de los tres pareció escuchar bien lo que dijo Augusto.
- ¿Qué dijo? – exclamo Darío intentando captar el significado de lo que el detective había preguntado.
- No lo sé, parece que el comunicador está empezando a fallar también – respondió Valeria rascándose la cabeza.
- Guarden silencio, parece que quiere decirnos algo importante.

“Tengan… salvare…trrrsss…sospechoso….Zrrrzzz…cuídense….levántense…”

- ¿Qué quiso decir? – pregunto Marco.
- Es obvio – rezongo Michael levantándose del piso – hemos sido atraídos por algún enfermo y nos matara a todos, ¿no lo ven? ¡El asesino está entre nosotros!

El aire en el elevador se hacía pesado y los ocupantes sobrevivientes empezaban a inquietarse observándose con desconfianza los unos a los otros mientras el detective lanzaba el micrófono al suelo al darse cuenta que la comunicación entre él y el grupo de personas atrapadas se había interrumpido.



CASONA UNIVERSITARIA, su historia...