24.4.14

La trampa de Helheim - Parte Siete

El detective carraspeo un poco y luego de escupir con desdén en la acera ingreso al edificio y mostro su placa al guardia de seguridad exigiendo ver a su superior.

- Está ocupado – dijo el guardia cuya placa de seguridad señalaba el nombre de Pedro González.
- Pues desocúpelo, él ya debe saber de qué se trata.

Gómez se sentó en un mullido sillón que fungía de sala de espera para los visitantes mientras observaba a hombres de negocios, abogados, secretarias y todo tipo de empresarios de toda la ciudad se reunían en aquel edificio permaneciendo unos minutos en aquel salón para luego desaparecer en los elevadores a los pisos superiores de forma constante, todos excepto el elevador de carga que parecía retenido y las luces que señalaban si iban abajo o arriba estaban parpadeando constantemente. El detective saco su celular y luego de marcar un número mascullo unas palabras inentendibles y colgó perdiendo su vista en el interminable mar de personas con traje y corbata que caminaban de un lado a otro en el lugar.
- La gente en este edificio se parece a un nido de hormigas
- ¿De veras lo cree detective? – dijo una voz a su derecha sorprendiéndolo – disculpe por el pequeño sobresalto, soy el supervisor Farías, Pedro me aviso que estaba aquí, ¿puedo ayudarlo en algo?
- Soy el detective Gómez, me informaron que tenía problemas.
- Con el elevador de servicio – dijo el supervisor tratando de contener su risa – no sabía que la policía también hacia trabajo de mantenimiento en los edificios.
El detective prefirió no emitir ningún comentario sobre lo mencionado pero se podía vislumbrar que sus ojos parecían dos navajas queriendo clavarse en los ojos del supervisor de seguridad quien se sintió intimidado de forma inusual por aquel sujeto.
- Olvidemos los comentarios graciosos – dijo el detective tratando de calmarse a si mismo mientras buscaba en el bolsillo de su saco deportivo un par de esferas metálicas – y muéstreme la sala de control.
- ¿Sala de control?
- No se haga el tonto conmigo Farías, este edificio es uno de los mas avanzados del país y su sistema de vigilancia no se queda atrás.
- No crea todo lo que lee en los diarios – se excuso el supervisor.
- Probablemente solo quiera revisar los monitores del salón del ojo señor – intervino Pedro desde el escritorio de mármol.
El detective y su jefe observaron al cachetón guardia, el uno con una sonrisa de triunfo y el otro con una mirada de pocos amigos. Ambos empezaron a caminar de forma lenta hacia el escritorio mientras Pedro se sentaba y revisaba los monitores de seguridad que daban a los baños y corredores del edificio.
- Así que… Pedro – sonrió el detective apoyándose en el escritorio de mármol - ¿A qué te refieres con “el salón del ojo”
- Es donde están todos los monitores de seguridad.
- ¿Y qué hay de estos? – señalo el detective.
- Son solo los de apoyo y solo muestran las cámaras de los lugares públicos para chequeos rutinarios de seguridad.
- Gracias por tu ayuda Pedro – interrumpió el supervisor con una forzada sonrisa hacia su subordinado - ¿Por qué no vas a hacer tu inspección ahora?
- Pero señor, aun no viene mi reemplazo, además el policía quería que yo…
- ¡Lárgate ya! – grito de improviso el supervisor – yo le mostrare al detective “el salón del ojo”
- Si señor – susurro el guardia de seguridad corriendo hacia uno de los ascensores más cercanos con una linterna y una radio de onda corta.
Luego de unos minutos de caminar por unas escaleras que solo se podían acceder mediante una tarjeta electromagnética llegaron a un ala del edificio vacía frente a una puerta con un ojo pintado de rojo en ella.
- Mire, no quiero problemas pero la gerencia no quiere la interferencia de policías en asuntos internos y siempre ha sido muy clara en su orden de mantenerlos fuera de cualquier asunto dentro del edificio – se excuso Farías mientras sacaba las llaves del bolsillo de su pantalón.
Antes de que pudieran girar la llave el detective Gómez le dio la vuelta y agarrándolo de su camisa lo elevo unos centímetros del suelo mientras lo insultaba y amenazaba con la cárcel por poner vidas inocentes en peligro.
- … Y por ultimo imbécil tú y tus jefes se pueden ir a la mierda por lo que a mí respecta, si hay alguien en ese lugar que haya fallecido mientras me has hecho perder el tiempo la cárcel será de lo último que tendrás que preocuparte.
El supervisor trago saliva mientras se daba la vuelta de forma apresurada y trataba de abrir la puerta con manos temblorosas.
- Creo que deberíamos calmarnos un poco – balbuceo el supervisor tratando de contener sus nerviosas manos – después de todo yo no solo seguía órdenes y los de mantenimiento están tratando de asegurarse que los que quedan en el ascensor salgan ilesos.
- ¿A qué se refiere con los que quedan? – pregunto el detective mientras sacaba un par de esferas metálicas y les daba la vuelta con su mano izquierda.
El supervisor no dijo nada, solo abrió la puerta hacia una habitación llenas de Cpus y una pared con monitores amplios y de alta definición frente a una gran consola llena de botones, un par de micrófonos y otro par de monitores más pequeños incrustados en el mueble junto a un par de sillas.




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