7.10.14

La trampa de Helheim - Parte Quince

- ¡Tú eres el asesino! – grito Valeria mientras señalaba de improviso a Michael.
- Estás loca, por lo que se tú podrías ser la que ha hecho todo esto.
- Cállate imbécil, la pobre esta histérica – exclamo Darío – y por lo que se ella podría tener razón.

El concejal y el empresario extranjero empezaron a pelear dando vueltas por el ascensor y golpeándose mientras Valeria y Marco se mantenían alejados el uno del otro mientras gritaban al mismo tiempo, llenos de miedo y desconfianza.
Un golpe se escucho en el techo del elevador y luego otro más y luego de eso las personas en el interior del ascensor se detuvieron y observaron el techo en silencio.

- ¿Hola? Departamento de Bomberos, venimos a rescatarlos – resonó una voz desde el techo.
- Hola, demonios, ¡Hola! Estamos aquí, estamos vivos – grito Darío sonriendo.
- El sistema eléctrico de este elevador ha sido totalmente eliminado por lo que optamos por bajar por el agujero del elevador para sacarlos uno a uno, espero tengan paciencia.
- Gracias – grito Marco levantándose del suelo.

Después de intentar abrir la trampilla por unos minutos hubo una conversación que ninguna de las personas dentro del elevador entendieron bien.

- Al parecer la trampilla fue soldada, deberemos forzarla y no tenemos las herramientas pero no se preocupen solo deberé ir a verla y regresare por ustedes, tengan calma – dijo el bombero inquieto por lo que había encontrado.
- No tarde demasiado amigo – grito el concejal mientras observaba los cadáveres en la esquina del lugar.

El grupo quedo en silencio observándose entre sí mientras las luces empezaban a fallar.

- Si me tocan, los mato, los destrozo con mis propias manos – dijo de improviso Darío cerrando los puños listo para luchar.
- ¿Ah sí? – exclamo el muchacho mientras sacaba de su ropa interior un pequeño estilete.
- ¡Lo sabia! – exclamo Valeria sacando una pluma como si quisiera clavarla al primero que se acercara a ella.

El ascensor empezó a temblar y las luces parpadearon hasta que quedaron en completa oscuridad. Ninguna de las personas en el interior se movía pero se escuchaban murmullos que decían: “Pronto estarán cono nosotros, somos los seres que aparecen en el rabillo de sus ojos” la frase aunque no tenía sentido parecía ser susurrada en los oídos de cada uno de los sobrevivientes y a pesar de que sacudían sus armas improvisadas no había ningún atacante cerca de ellos solo el aire caliente y las voces que inundaban sus oídos.
Los gritos de las personas atrapadas en aquel aparato mecánico resonaron por todo el pozo del elevador hasta llegar a la azotea donde se encontraban los bomberos quienes no sabían cómo reaccionar por aquellos alaridos de miedo y terror.
El único testigo de lo que sucedía, Farías, apenas podía ver debido a la oscuridad y el ruido ambiental por la falla de todo el sistema eléctrico.

- Es imposible verlos, espero por su bien y el mío que estén vivos – dijo mientras intentaba arreglar el sistema de vigilancia.

Sin esperanza de poder arreglar la cámara de vigilancia del elevador el supervisor le dio un golpe a la consola lo que hizo que la imagen cambiara a las cámaras de vigilancia del piso treinta y tres donde todo parecía desierto hasta que Farías se fijo en una pequeña sombra la cual lentamente se iba acercando al área que cubría la cámara de seguridad hasta que la luz de una ventana cerca ilumino aquella figura.

- ¿Qué diablos es eso? – mascullo Farías tratando de hacer un acercamiento a la imagen.



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