3.9.14

La trampa de Helheim - Parte Doce

Los tres cadáveres se encontraban amontonados en la esquina izquierda más apartada de la puerta, movidos por Michael quien fue el único que se atrevió a tocar los cuerpos luego de la última muerte.
El grupo se sentó en el piso, lo más cerca que pudo de la puerta, habían cubierto parte del piso con la sangre seca de la anciana con el suéter de la universitaria y la mochila de Marco, ninguno se atrevía siquiera a ver los cuerpos o la sangre solo permanecían sentados, en silencio.

- ¿Todos recibieron esos sobres? – pregunto el concejal interrumpiendo el incomodo silencio del grupo.
Ninguno respondió en voz alta pero todos movieron la cabeza en forma afirmativa.
Las luces empezaron a parpadear y el elevador empezó a sacudirse mientras el grupo se mantenía cerca pero al final las luces regresaron a su intensidad normal y la maquina dejo de moverse.
- Esto debe ser un castigo – balbuceo la muchacha secándose las lágrimas.
- Tal vez, tal vez no – murmuro Darío observando los sobres esparcidos sobre el suéter que cubría el charco de sangre seca cerca de él.
- Esto es absurdo – reclamo casi en susurros Michael – Darío, pásame esos sobres, ¿son todos?
- Si – respondió el concejal entregándoselos - ¿Qué tienes pensado?
- Es probable que la respuesta este aquí – dijo abriendo los sobres.
- Espera – dijo Valeria impidiendo que abriera el siguiente sobre – algunos de esos mensajes contienen cosas muy personales, no creo que deban ser leídos por nadie más que por los propietarios.
- Mi querida niña – respondió Michael – podría entender lo que dices en cualquier momento pero hasta ahora han ocurrido tres asesinatos en un lugar cerrado y estamos atrapados aquí y apenas son las cuatro de la tarde así que saca la mano de los sobres antes que te rompa los huesos.
Cada una de las cartas eran exposiciones de actos que cada uno de ellos habían hecho en el pasado, crímenes contra inocentes o abusos a personas más débiles que ellos y promesas de riquezas, poder y drogas que les esperaban en una oficina en este edificio a cierta hora de la tarde pero nada más y todo escrito a mano con letras doradas igual que el nombre de cada uno de ellos en el sobre.



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