17.6.14

La trampa de Helheim - Parte Once

   -    ¿Qué son esos sobres? – pregunto el detective quien observaba al grupo asustado y confundido al observar que todos tenían el mismo tipo de cartas.
-    ---   No podemos decirle – dijo el concejal con sepulcral seriedad.
-     --- Ninguno de nosotros lo dirá – aseguro la joven universitaria.
-    ---  ¿Por qué? – pregunto el detective – es absurdo retener esa información ahora, es más que obvio que esas muertes estén ligadas a esos sobres, díganme que son, ¡Ahora!
    En ese momento se volvió a oscurecer el elevador y un par de gritos se escucharon a través de altavoz haciendo que la imagen perdiera calidad.
En el elevador los sobrevivientes estaban asustados y los gritos que se escuchaban a su alrededor parecían de cientos de personas que gritaban a su alrededor hasta que finalmente la luz se restableció en el lugar.
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-  - ¿Todos están bien? – pregunto el concejal nervioso.
-     -    Estamos bien – respondió Michael.
-   - No todos – balbuceo Marco señalando la esquina donde se encontraba el panel de números cerca de la puerta del elevador.

La cámara no podía moverse demasiado pero podía ver a una persona delgada, muy delgada apoyada contra el panel de números sin moverse.

-         ---  ¿Qué está pasando? – volvió a repetir el detective casi desesperado.
-          ---  Es el diablo – respondió el regordete guardia de seguridad a sus espaldas mientras se hacia la señal de la      cruz.
-         ---  ¡Cállate imbécil! – le respondió al guardia mientras volteaba su cabeza observando con desprecio a               Pedro.
-          ---  ¡Esta muerto! Le han arrancado la columna, ¡Oh por dios esta muerto! – gritaba la muchacha universitaria     acurrucándose en una esquina del elevador.

El detective Gómez apago el micrófono y se dio la vuelta tratando de conservar la calma mientras trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo, hasta ahora tres personas que hasta donde él sabía habían sido asesinadas al azar en un ascensor atascado que no parecía funcionar a pesar de que el flujo eléctrico se había restablecido hace mucho, no tenía sentido.

-         ---  ¿Dónde está tu jefe? – pregunto Augusto al guardia quien no paraba de rezar.
-          --- Ya le dije señor no lo he visto.
-          --- Pues búscalo y tráelo aquí, debo hacerle algunas preguntas.
-          --- No señor, esto es obra del ángel con cuernos, mi jefe es bueno y no sabrá como responderle, será mejor      traer al cura de mi iglesia.
-          --- Mira imbécil, sino quieres pasar un par de días en la cárcel busca a tu jefe y tráelo aquí rápido.
-          --- ¿Cárcel? ¿Por qué señor?

El policía casi al borde de un ataque de nervios saco su arma y colocándola directamente en el rostro del guardia de seguridad le susurro: “Por hacerme perder el tiempo imbécil” y acto seguido Pedro corrió por el corredor blanco en busca de su supervisor.



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