11.5.14

La trampa de Helheim - Parte Nueve

- ¡A la mierda! – exclamo el estudiante de secundaria y acercándose hacia el cuerpo empezó a revisar los bolsillos del cadáver.
- Por Dios eso es sacrilegio – gimió la anciana apoyándose de una de las paredes del elevador.
- Sacrilegio mi trasero, si queremos salir de aquí hay que empezar a actuar como personas con cerebros y no mojigatos – reclamo el muchacho sin quitar la mirada del cadáver mientras sacaba un sobre con letras doradas y una identificación que extendió hacia la cámara de seguridad.
Luego de anotar el nombre y apellido les pidió que tuvieran paciencia y conservaran la calma mientras hablaba con el departamento de mantenimiento del edificio.
- Detective – interrumpió el concejal antes de que el policía desconectara el auricular – apresúrese por favor, ninguno de nosotros desea permanecer más tiempo en este lugar.
- Manténganse firmes, los sacaremos – respondió Augusto desconectando el micrófono y manteniendo la imagen en los monitores principales.

El sonido de su celular interrumpió sus silenciosas reflexiones sobre lo que veía y al observar quien llamaba sonrió y contesto de inmediato.

- Hola nena.
- Tu puta madre será la nena – respondió la voz de una mujer del otro lado de la línea.
- Disculpe oficial Mendieta, no sabíamos que estábamos peleados.
- Solo limítate a darme la información, ya tuve suficientes problemas por cubrirte en ese problema con aquellos drogadictos.
- No debieron ser tan graves, aun eres oficial de policía.
- Solo limítate a darme los nombres para que pueda investigarlos detective cabeza de verga.

El detective Gómez forzó una sonrisa mientras observaba los nombres que había anotado en la libreta y empezó a nombrar a cada uno de los que se encontraban en el elevador: “Michael Freedom, un industrial extranjero; Marlene Herrera, mujer de unos setenta y tantos años, al parecer ama de casa; Valeria Lozada, una estudiante universitaria, Yeun Wong Tai, asiático de al parecer unos treinta años; un estudiante de secundaria de nombre: Marco Guerra Junior y nuestro querido concejal Darío Hernández”

- ¿No eran siete? – pregunto la voz al otro lado del auricular.
- A eso iba, la séptima persona es la víctima, al parecer un drogadicto identificado como: Antonio Mauricio Sacoto.
- Un “junkie” ¿Eh? Tu especialidad.
- Solo cállate y busca en la base de datos y hazlo rápido, quiero salir de esta mierda antes de que la prensa se entere.
- Ok, ok, te tendré la información en una hora.
- Gracias, eso me dará algo de tiempo para hacer otras llamadas.

La mujer intento preguntarle a que se refería pero Augusto aplasto el botón cortando la llamada sin prestarle mucha atención a las palabras de la mujer al otro lado de la línea.
- Detective, puedo pasar – dijo una voz que provenía del exterior de la oficina donde él se encontraba.
Augusto dirigió su mirada a la entrada de la oficina y vio a una figura ligeramente baja y regordeta quien se escondía ligeramente del detective.

- ¿Quién es?
- Soy yo señor, Pedro, me preguntaba si podía pasar ya que mi reemplazo acaba de llegar y aun no encuentro a mi jefe.
- ¿Farías? Estaba aquí hace un minuto – dijo dándose cuenta que no lo había visto salir en ningún momento y recién ahora se daba cuenta de su ausencia – bueno supongo que se habrá ido a hacer algo útil, como llamar nuevamente a los bomberos o algo así.
- Entonces… ¿Puedo pasar?
- Si, pasa, tal vez puedas ayudarme en esta situación.
- Con gusto señor.

Ambos hablaron de trivialidades por unos instantes cuando a media oración del guardia regordete el edificio empezó a temblar y las imágenes de las cámaras de seguridad empezaron a fallar al igual que los otros elevadores.

- ¿Qué mierda está pasando? – grito el detective tratando de no perder el equilibrio.
- No lo sé señor pero lo que sea que sucede el diablo capaz tiene que ver.

Augusto no le respondió solo lo observo con desprecio mientras trataba de no caer al piso y revisaba a la gente atrapada en el elevador de servicio quienes parecían estar más asustados que antes.





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