13.4.14

La trampa de Helheim - Tercera Parte

El elevador estaba ligeramente sucio, tenía un aroma a humedad y una musiquita suave sonaba en unos pequeños parlantes convenientemente escondidos. Las siete personas se acomodaron como pudieron en el elevador intentando no prestarse atención mutuamente y uno de ellos presiono el botón que marcaba el número treinta y tres.
Pasaron un par de minutos de incomodo silencio cuando la música se detuvo, volvió a sonar unos segundos y se detuvo, el ascensor dio unos pequeños saltos para luego detenerse en seco mientras las luces parpadeaban.

- ¿Qué mierda está pasando? – pregunto Antonio.
- Debe ser un problema de la luz – contesto casi sin querer la anciana.
- ¿Qué chucha me importa? – reclamo el joven volteándose mientras observaba a la anciana con fastidio – yo solo quiero llegar a la mierda de oficina – replico aplastando el botón incesantemente.
Un hombre asiático le pidió que se calmara pero la respuesta de aquel joven fue empezar a golpear a cualquiera que estuviera frente a él hasta que tuvo que ser retenido por todo el grupo, incluyendo la anciana, quien le asesto un golpe en la cabeza.
- ¿Creen que estará bien? – pregunto la muchacha universitaria – lo menos que necesito ahora es problemas con la policía.
- Tranquila – respondió el joven asiático sin prestarle mucha atención mientras amarraba al muchacho – aun respira, solo esta inconsciente.
- Deberíamos pedir ayuda – sugirió la anciana mientras daba pequeños golpes al muchacho inconsciente – no quiero estar encerrada aquí todo el día, tengo cosas que hacer.
- Todos tenemos cosas que hacer – intervino el señor mayor que hasta hacia poco había permanecido en silencio – pero es más que probable que ya hayan notado el problema en este elevador.
La mano del caballero de mediana edad señalo una pequeña cámara de seguridad en la esquina superior derecha que se movía enfocando a cada uno de los presentes.
- Aun así creo que deberíamos preguntar si tardaran demasiado – sugirió el joven asiático observando de forma nerviosa su reloj.
Antes de que cualquiera pudiera tomar el teléfono que se encontraba bajo la tableta de números en el lado izquierdo del elevador un timbre que retumbo en el lugar empezó a sonar de forma insistente.
- ¿Lo ven? – dijo el hombre de mediana edad arreglándose su camisa y caminando unos pasos al teléfono – ya saben lo que sucede.
- Hola, hola, disculpe quien quiera que sea, ¿podría ponerme en el megáfono? – resonó una voz potente desde el otro lado de auricular.
El caballero se alejo del teléfono y aplasto un gran botón rojo para luego colgar el auricular.
- ¡Atención gente! – exclamo la voz del otro lado de la línea – soy el supervisor Farías, hubo un ligero inconveniente con el sistema eléctrico del edificio pero no se preocupen ya se están ocupando de ello.
- ¿Cuánto tiempo hasta que salgamos? – pregunto la anciana casi a gritos.
- Bueno, esa es la mala noticia, probablemente tarden algunas horas, los muchachos de mantenimiento aun no me confirman nada pero me aseguraron que se apresuraran lo mas que puedan.
- ¿Y los bomberos? – exclamo el hombre mayor – ellos podrían sacarnos antes que sus mecánicos de seguro.
- Eso podría ser más complicado – aseguro el supervisor Farías – su elevador en particular se atasco entre el piso once y doce, por el momento deben tener calma y esperar, la ayuda está en camino.


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