9.4.14

La trampa de Helheim - Segunda Parte

-          - Disculpe señores pero no pueden permanecer aquí – exclamo uno de los guardias de seguridad intentando reunir a toda la gente a su alrededor – este es un edificio de oficinas no un centro comercial.

Algunos de ellos gritaban y agitaban los sobres con las letras doradas intentando hacerse escuchar pero el guardia no le interesaba ninguna razón, solo que se fueran.

-          - Mire ñaño, recibimos unas movidas extrañas y lo único que sabemos es que debemos estar aquí – dijo un muchacho que no superaba los veinte años y usaba ropas viejas y sucias.

Cuchicheos y reclamos apoyando la afirmación del sucio muchacho no se hicieron esperar presionando al guardia a que los guiara al lugar donde tenían que ir “Solo sabemos que debemos estar en este edificio pero no sabemos a qué piso ir” reclamaban algunos casi al unísono.

-          - ¡Alto! – grito un hombre mayor de piel oscura vestido como guardia de seguridad - ¿Qué está sucediendo aquí?
-        -   Hola señor – balbuceo el guardia de seguridad al ver a su supervisor – es toda esta gente que quiere ingresar a no sé qué reunión y desean saber en qué piso pero no tengo idea de lo que hablan y se niegan a salir.

El supervisor observo al grupo de gente; eran de diferentes clases sociales, edades y niveles de educación pero todos tenían la misma meta: llegar a la reunión que los habían convocado antes de las tres y treinta y tres de la tarde.

-          - Tranquilo Pedro, yo me encargo desde aquí – le dijo al guardia haciéndolo regresar al escritorio donde recibía a los visitantes.
-         -  ¿Quién  nos puede decir lo que está pasando? – exclamo un hombre mayor que parecía un político – queremos saber el propósito con el que hemos sido convocados, ¿es esto una broma? – exclamo el señor intentando alzar mas a la gente y liderando a la turba.
-          - Si, ¿Qué sucede aquí? – exclamo una señora mayor agitando su bastón.
-          - Que alguien nos explique – exigió una joven universitaria.
-     -  ¡Tengan calma!- exigió el supervisor alzando las manos – se que nos podremos entender mejor si nos calmamos y me informan con claridad lo que…
-      - Mire – interrumpió el joven vagabundo arreglándose las sucias ropas con las que estaba vestido – hasta donde yo sé todos hemos recibido estos sobres y queremos ir a recoger lo que se nos ofreció así que si no es mucha molestia, ¿Qué chucha hacemos?

Los ojos del viejo supervisor parecieron encenderse al observar el sobre con las letras doradas con detenimiento luego esgrimió una suave sonrisa y tomando el sobre del muchacho lanzo un largo suspiro y dijo:
-       - ¡Atención! – exclamo el supervisor retrocediendo unos pasos para que su voz llegara a toda la multitud – los sobres son reales pero no podemos dejar a entrar a todos ustedes de forma desordenada, por favor diríjanse a ese elevador e ingresen de forma ordenada, aplasten el botón del piso treinta y tres
-     - Caballero – dijo la anciana - ¿cree que entraremos todos? Estoy segura que somos como cincuenta personas en total.
-     -  Tranquila madrecita – repuso el supervisor sonriendo ese es un ascensor especial, entraran todos y además no son tantos, apenas hay seis personas en total.
-    -  Ssssshhhh ya era hora – balbuceo el joven quien a pesar de lucir limpio era obvio que vestía como un vagabundo – nadie hace esperar a Antonio.

La gente alrededor del joven lo observaba con miradas de lastima y desprecio pero trataban de no hablarle.

-         -  ¿Hay alguna posibilidad de que ese sujeto no suba con nosotros? – pregunto el caballero de mediana edad susurrándoselo al guardia mientras le deslizaba un billete de cien dólares.
-          - Lo siento – le susurro el supervisor devolviéndole el billete antes de que el guardia le pudiera responder – si él tiene ese sobre subirá con todos ustedes en ese mismo ascensor, esas son las ordenes.

Poco a poco el grupo de personas fue caminando hasta una gran puerta metálica color plata un poco más grande que las otras tres puertas que se presentaban en el lobby del edificio.

-          - Señor, ¿Qué son esos sobres? – dijo Pedro casi en susurros.
-       - Eres nuevo y aun estas a prueba, no es necesario que lo sepas – dijo tajantemente el supervisor mientras observaba a un muchacho ingresar rápidamente al lobby sosteniendo un sobre blanco con letras doradas.
-         -  Disculpe – mascullo casi sin aliento el joven – esto sonara raro pero…
-          - Es en ese elevador – dijo el supervisor señalando el elevador mientras ingresaba las últimas dos personas.

El joven retomo su carrera hacia el ascensor ingresando segundos antes de que la puerta plateada se cerrara tras el extraño grupo.

-         - Ahora ya están completos – susurro el supervisor mientras se hacia la señal de la cruz cristiana con su mano derecha.
-        -   ¿Qué cosa señor? – pregunto Pedro.
-      -  Que no te muevas de aquí – respondió al notar que su subordinado lo había escuchado – si me necesitas estaré en el salón de monitores.



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