17.4.14

La trampa de Helheim - Parte Cuatro

Pasaron unos minutos, luego unas horas y el grupo empezaba a impacientarse.

- Estamos acabados hombre, acabados, es una trampa, ¡es una trampa! – gritaba el muchacho de la ropa sucia tratando de quitarse la correa con la que había sido amarrado.
- ¡Cállate mocoso! – exclamo el caballero de mediana edad mientras se arreglaba el bigote observándose en un espejo al fondo del elevador.
- Creo que lo mejor será calmarnos y esperar – sugirió un hombre sentando en una esquina que había permanecido en silencio hasta el momento – ya ha pasado aproximadamente una hora, no creo que falte mucho para que nos saquen.
- Tiene razón – dijo el señor de mediana edad – hemos estado aquí mucho tiempo y creo que ninguno de nosotros nos conocemos, soy Darío,  un placer señor…
- Michael, llámeme Michael – respondió el joven levantándose de donde estaba sentado.

Antes de que pudieran preguntar el nombre de los demás el ascensor empezó a temblar y las luces parpadearon a un color rojo intenso para luego apagarse, hubo silencio y luego un par de gritos.

- ¿Qué carajo paso? – grito Michael observando al resto de personas en el piso del elevador de carga, una de ellas tosiendo sangre.
- Hagan algo con el vagabundo – exigió la anciana arrastrándose hasta la puerta cerrada – está llenando de sangre todo el lugar.

El joven de las prendas descoloridas empezó a gritar mientras sus ojos, fosas nasales y boca se llenaban de un viscoso liquido rojizo y balbuceaba: “No quiero morir, no quiero morir” entre espasmos violentos aterrando a todos los presentes en el lugar hasta que dejo de gritar y de moverse.

- ¿Esta… esta muerto? – balbuceo la joven universitaria abrazando su maleta de cuero.
- Me temo que si – mascullo Darío revisando su pulso tomando su muñeca suavemente con su mano izquierda.



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