7.4.14

La trampa de Helheim - 1era Parte

En una ciudad cualquiera existen miles de formas de transporte de un punto a otro y sin importar el país existen diferentes formas de alcanzar una meta deseada, no siempre de forma honesta pero eso es lo de menos con tal de obtener resultados, por lo menos esa es la forma de pensar de mucha gente que vive en las grandes ciudades donde las grandes masas de gente se traicionan mutuamente para obtener resultados sin importarles el dolor que causen.
Un par de golpes en la puerta hizo despertar a una mujer de mediana edad quien camino pesadamente el corto tramo de la sala donde se había quedado dormida hasta el pie de la puerta pero cuando espió por la mirilla para saber quien estaba del otro lado no se encontró con nadie. Bajo la puerta estaba una invitación en un sobre con letras doradas con su nombre y una dirección solicitándole que vaya pues había ganado una gran cantidad de dinero. Al principio su desconfianza hizo que esgrimiera una mueca de fastidio pero al observar la dirección y confirmar mediante una guía telefónica que el edificio existía decidió arriesgarse  y atender a la cita, después de todo era dinero gratis.
El aire se llenaba de smog, eran apenas las once de la mañana y los diferentes sobres con letras doradas eran repartidas en diferentes casas y departamentos por una figura encapuchada que permanecía silenciosa mientras ingresaba las diferentes cartas en cada hogar ofreciendo ayuda, dinero, drogas o trabajo si solo se tomaban un minuto de su tiempo para asistir a un edificio céntrico a las tres con treinta y tres minutos. Algunas personas descartaban los sobres como basura pero unos pocos se interesaron en lo que les proponían y decidieron, como aquella señora, asistir al edificio a la hora señalada.

Un pequeño brillo de sol se filtraba entre las nubes mientras autos, motos y bicicletas se dirigían de diferentes puntos de aquella ciudad hacia un edificio gigantesco, mucho más grande que las otras construcciones, su esqueleto de cemento y metal recubierto de gruesos y oscuros vidrios parecían amenazar a las otras edificaciones. Poco a poco diferentes personas fueron llenando el lobby para disgusto y fastidio de quienes trabajaban en aquel lugar.


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