9.3.13

Buscando al Pajaro Rojo - Quinta Parte



 LA APUESTA DE LA GALLADA

-          Mamá, ¿Qué significa “Whatdayadoin”? – pregunto Rodrigo sin poderse sacar  aquella palabra de su cabeza que bailaba junto a la misteriosa gitana.
-          ¿De donde sacaste esa palabra muchacho? – le pregunto su padrastro.
-          Uno de los nuevos vecinos me lo dijo
-          No te acerques a esa gente extraña, quién sabe que clase de personas puedan ser, mejor que ni les hables mucho – dijo Doña Pepa mientras les servia el desayuno a ambos.

Rodrigo acepto. Por mucha curiosidad que tuviera no quería arriesgarse a soportar la furia combinada de su madre y su padrastro. Juntos podían poner a temblar al mismo diablo solía pensar Rodrigo.


Entrada la tarde Rodrigo y Antonio solía hacer lo que siempre hacían después de salir de clases. Se juntaban con otros chicos a nadar en la ría y jugar fútbol por la cervecería.

-          Oe Rodo, ¿cierto que se mudo una nueva familia por tu casa? – preguntaba el negro Antunez.
-          Si pero mi mamá dijo que mejor ni les mire mucho o me friego.
-          Ósea que después que te deje ¿no te les acercaste?
-          No, un tipo salio de no se donde y no me atreví.
-          Maricón
-          No jodas negro que te apuesto diez billetes que tu no vas a saludarlos.
-          Haber, ¿de donde usted va a sacar diez billetes ah?
-          De mi mesada, ya se acerca fin de mes.
-          ¿Qué tal si mejor no lo hacen en grupo para que el que gana se saca un buen billete? – intervino el gordo Alfredo.

Todos estuvieron de acuerdo y apostaron diez billetes cada uno para ir a saludar en grupo a los nuevos vecinos de Rodrigo, el que se acobardaba le daba el dinero al juez para repartir entre los que quedaran. Todos excepto Andrés y Jorge.

-          Ustedes siempre se acobardan con esto – les reclamo Antonio.
-          Será lo que sea pero no me quiero meter en problemas.
-          Y yo ya tengo muchos problemas.
-          Maricones – les respondió Antonio
-          Esperen, ¿Quién va a ser el juez? – pregunto el gordo Alfredo
-          Pues que lo sea el maricón – propuso Rodrigo.
-          Yo prefiero ir a escuchar tocar al panadero – dijo Jorge
-          No jodas Chiva que me refería a Antonio – dijo Rodrigo en tono burlo haciendo sonrojar a Jorge.
-          ¿Y yo por que?
-          A ti es al que menos dinero te dan, mejor que no te arriesgues con el, si llego a ganar nos vamos a medias.
-          ¿Eso no es trampa? – pregunto Antunez
-          Cállate negro – dijo Antonio mientras pensaba en la propuesta.
-          Acepto – dijo el flaco mientras se apuraba en vestirse aun con el calzoncillo mojado.

Mientras Rodrigo y los demás se dirigían a la casa de los nuevos vecinos Jorge y Andrés se fueron a ver al panadero. Era el medio día ya y de seguro el viejo ya había cerrado y sacado su batería para juntarse con el tendero y el farmacéutico para tocar los últimos ritmos de moda como todos los miércoles, viernes y sábados.
Decían que alguna vez fueron una banda famosa en el extranjero pero que ahora ya nadie los conocía.

-          Si alguno se llega a acobardar los esperamos donde el panadero – dijo Jorge despidiéndose de sus amigos.
-          Ya maricón – se despidió Antonio.
-          Ok Chiva nos vemos – se despedía Rodrigo.

La apuesta había sido fijada y el que se acobardaba debía pagar, la honra de cada uno había sido fijada a un alto precio para estos cuatro muchachos, juez incluido.

La gallada se acercaba a la vieja casa de madera y caña donde se había mudado la nueva familia. El lugar se encontraba a unos pocos metros de la casa de Rodrigo y eso hacia que a este le temblaran las piernas por la posibilidad de que Doña Pepa lo viera desobedeciendo sus ordenes.

-          Ya maricón, ¿te esta entrando miedo ahora? – pregunto Antonio
-          No ñaño es que si me ve mi mamá me mata, tú sabes como es ella.
-          No te hagas bronca – dijo Antunez – tu sabes que todos te apoyamos.
-          Si, hasta que mi mamá los manda a volar, ¿cierto? – dijo Rodrigo en tono burlón.

Mientras mas se acercaba a la casa a cada uno de los muchachos les empezaban a temblar las rodillas, al principio de forma casi imperceptible, luego de una forma violenta, como si mil demonios los asaltaran a plena luz del día. Habían escuchado tétricas historias de las personas que iban a habitar aquella casa, que eran unos locos que escapaban de su país, otros decían que eran demonios disfrazados de hombres y algunos mas extraños aseguraban que eran vampiros alienígenas; todos en el barrio les tenían miedo pero la curiosidad de los chicos era mas fuerte que cualquier rumor, así fuera cierto alguno de estos.
Cuando estaban a tan solo unos  pasos de la entrada la puerta se abrió y un sujeto vestido de diablo, rojo de pies a cabeza y con una antorcha en mano  salio de aquella casa haciendo correr a toda la gallada excepto a Rodrigo quien se quedo petrificado al verlo.

-          Hey kid, Are you all right? – pregunto el hombre acercándose al muchacho.

En cuanto el hombre vestido de diablo poso la mano sobre el hombro de Rodrigo este se desmayo en el acto.




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