9.5.12

BUSCANDO AL PAJARO ROJO - Segunda parte


EL FLACO DE LA PELOTA DE TRAPO



Saltando de un lado a otro en la esquina de la calle Luque se podía apreciar todos los sábados a un enclenque muchacho de piel blanca con aspectos negroides sin observar a nadie mas que a su balón fabricado con trapos viejos que parecía a punto de desarmarse en cualquier segundo. Rodrigo aunque estaba aun a varios kilómetros pudo ver sin problemas al muchacho delgaducho y desgarbado que jugaba sin parar con aquella pelota y corrió a saludarlo. Al verlo el chiquillo detuvo su juego y sonriente saludo a Rodrigo  invitándolo a jugar un partido uno contra uno. Era fin de semana y había poca gente que interrumpiera el juego.
Después de varios minutos de goles y penales se opto por terminar el partido con el marcador empatado tres a tres. Ya sudados se sentaron en la acera con una Coca- Cola el uno y un helado de naranjilla el otro conversando sobre la vida y otros asuntos importantes.

-          Entonces esa flaca estaba rica ¿eh?
-          Así es viejo no me la puedo sacar de la cabeza.
-          Han de ver sido gitanos, a veces saben parar por parques o plazas y armar espectáculos ilegales, capaz si esperas un poco regresen – dijo Antonio abrazando su pelota de trapo.
-          Ojala tengas razón no me la puedo sacar de la cabeza.

Rodrigo y Antonio se quedaron conversando por varias horas hasta bien entrada la tarde cuando iniciaron otro partido de fútbol antes de separarse.
Antonio siempre andaba a todos lados con esa misma pelota de trapo que el mismo hizo cuando tenía ocho años y a donde iba Antonio siempre andaba cerca Rodrigo, ambos eran amigos desde la tierna infancia y se apoyaban mutuamente en las buenas y en las malas.

-          Gracias hermano debo irme Doña Pepa ha de estar furica porque me le desaparecí todo el día – se despedía Rodrigo.
-          Ok Rodo yo también me voy pa la casa nos vemos mañana, recuerda que después de misa tenemos partido ¿eh?
-          Ok, ok chao entonces hasta mañana – se despedía Rodrigo subiendo hasta las Peñas.

Luego de despedir a su amigo Antonio y su pelota de trapo caminaron un par de metros hasta la esquina de la calle Luque y luego de subir unas viejas escaleras de madera llego a su casa. El olor a humedad y a madera vieja inundaban las fosas nasales del chico pero el no lo noto en ningún momento, ya estaba acostumbrado al aroma.

-          Buenas mamá –grito Antonio en dirección a su cuarto sin esperar respuesta.

Sabía que nadie respondería. Doña Elisa estaba si en su cuarto pero descansando de su borrachera cosa habitual en ella.

El cuarto de Antonio no tenia ningún lujo, su familia carecía de todo, incluso de un padre que lo ayudara a él con las tareas sin embargo eso no le quitaba el sueño pues estaban sus amigos infalibles y su querida pelota quien era su confidente  en los momentos de mas extrema soledad.
Antonio se recostó en la cama, sudado y abrazando su pelota de trapo con su mirada fija en el techo de su habitación recordando la conversación con Rodrigo.

-          Este Rodo – se dijo a si mismo – enamorarse de una gitana.

Luego se dio la vuelta contra la pared de madera y recordando la descripción empezó a dibujarla con un pedazo de carbón. Sus labios, sus ojos, su cuerpo y finalmente aquel extraño tatuaje. Cuando termino se  quedo observando el dibujo fijamente como si estuviera cayendo en un misterioso trance hipnótico. Un deseo oculto crecía en su entrepierna aumentando con cada segundo que observaba aquel dibujo tan parecido a una realidad que él nunca vio.