14.9.11

Precuela: El Septimo Vertice (Archivo 7)



La heridas que se le practicaban para tomar las muestras se cicatrizaban de inmediato dejando la piel tan impoluta como siempre, su sangre denotaba que su poseedor era poderoso, su simiente tenía vida y era fuerte, por lo tanto era capaz de mantener coito y procrear especímenes vivos que sin duda, compartían su poder.

No había nada, ni arma ni veneno conocido que pueda causar daño al ser. Sin embargo, cuando Brennan intentaba particionar la célula para llevar a cabo el proceso de clonación, esta simplemente se esfumaba. La célula era etérea, el sujeto era “inclonable.”

Al escuchar esto Gilliam montó en furia una ciega; tiró abajo repisas, rompió tubos de ensayo; amenazó con beberlos ahí mismo si no lograban lo que les había ordenado. Pero De Souza, ya harta de tanta presión elevó valientemente su voz diciéndole que hiciera lo que quisiera. Si quería servirse de ellos podía hacerlo de una buena vez y librarlos así de sus vituperios y amenazas porque ellos ya no podían hacer más. El sujeto era poderoso, invencible y perfecto; pero irrepetible. Era un molde roto, no podía ser clonado.

Justo cuando pensaban que serían sus últimos momentos de vida, se presentó en el laboratorio subterráneo una menuda mujer, de pequeña estatura, ondulados cabellos castaños y apacibles ojos verde agua. Cuando su voz resonó en el recinto, Gilliam dio un respingo e inmediatamente entró en una actitud de sumisión que dejó perplejos a los tres científicos. Al instante entendieron que aquella mujer, que comúnmente no supondría una amenaza para nadie era “ella”, la que los mantenía encerrados, la que había buscado la destrucción de la raza humana. La jefa de Gilliam.

Ella era la misteriosa Señora Khalú, la dueña de Excelión.

Casi sin tomarlos en cuenta se dirigió directamente a Gilliam hablándole en un idioma que ninguno de ellos logró definir. Al parecer hablaban del ser que estudiaban. Los ánimos se caldeaban, al parecer Khalú le estaba ordenando algo con respecto al sujeto, que Gilliam se resistía a cumplir. Por último, un grito de la mujer y una mirada que hubiera podido prenderle fuego por lo intensa; obligaron a callar al loco científico que, pasándose las manos nerviosamente por los desordenados cabellos, por último se dirigió a sus acompañantes; quienes al momento desconectaron los diversos sensores que reposaban en el cuerpo del sujeto y, colocándole de nuevo en la cámara criogénica, procedieron a llevárselo sin emitir sonido.

Gilliam, que no dejaba de mirar nerviosamente a Khalú con la cabeza gacha, les dedicó una última mirada gélida antes de salir tras de la preciosa carga.

Cuando los científicos se quedaron solos con Khalú en el sótano, ella se volteó y miró a cada uno de ellos.

- Así que ustedes son los famosos científicos que contraté – dijo sosegadamente y sonriendo con cordialidad – no puedo quejarme, me siento muy complacida con vuestra labor. Les felicito, pues no es nada fácil complacerme a cabalidad.

- ¿Usted es la dueña de Excelión? – preguntó De Souza.

- Así es, doctora. Permítanme ofrecerles mis sinceras apologías por la forma en que les he mantenido aquí dentro todo este tiempo, pero créanme, era necesario.

- ¿Entonces, nos dejará salir? – preguntó ansiosamente Brennan.

- Lamentablemente no puedo hacer eso, pienso que aun son de mucha utilidad para mí- contestó amablemente Khalú.

- No seas tonto Cobalt, nunca saldremos de aquí. ¿Verdad señora? – dijo Rossenbaum – a lo mucho cuando ya no nos necesite lo que hará será beber nuestra sangre piadosamente, digo, todo lo piadosamente que puede hacerlo un vampiro ¿No es así?

Khalú rió entre dientes mostrando sus colmillos con mucha tranquilidad, pero en sus ojos verde agua algo se había revuelto ante esta insolencia de la genetista. Se acercó a ella mirándola fríamente sin dejar de sonreír.

- Eres inteligente, judía – dijo Khalú con una tranquilidad casi tierna- sé que estas cosas las descubriste tan solo al ver al precioso espécimen que te envié; me lo ha dicho Gilliam. Sin embargo hay cosas que se deben guardar en el interior. La inteligencia no siempre es sabiduría. Tu mente – continuó, acariciando el cabello negro de la joven - es un prodigio de conocimiento, pero el ímpetu de tu juventud no te ha permitido mantener la boca cerrada como es prudente.

- ¡Por favor no le haga daño!- sollozó De Souza, claramente desesperada.

- ¿Daño? ¿hacerle daño yo, a una de las personas que pusieron el mundo en la palma de mi mano? No doctora De Souza, yo sería incapaz de lastimar a ninguno de ustedes, máxime a quien ha desarrollado la formula que nos permitirá subsistir para dominar este mundo; y peor aun cuando todavía encuentro alguna utilidad en ustedes – Khalú caminó unos pasos tranquilamente, acariciando con la punta de sus dedos, como descuidadamente, la mesa y los instrumentos sobre ella mientras continuaba hablando con el mismo tono arrullador y gesticulando – yo solo quería indicarle a tu hermosa compañera cual es la regla de oro de la sabiduría: ver, oír y callar. Mi hermosa Cira, este es el secreto del buen vivir, me lo enseñó Sócrates en persona hace ya mucho tiempo. En fin, la razón por la que estoy aquí – dijo mirando fijamente a Cira Rossenbaum y acercándose a ella sonriendo tranquilamente – es para pedirles que continúen con su investigación del plasma sintético. No está terminado ¿saben? Algo le falta, su efecto no dura mucho no es como beber sangre humana; pero debe serlo. ¿Me explico? Yo no sé qué es lo que hará falta, pero confío plenamente en que ustedes lo descubrirán.

- El plasma está terminado – dijo Rossenbaum, alejando su rostro de la blanca mano de Khalú que intentaba acariciarlo – no hay nada más que podamos hacer con él-

- Por favor – dijo Khalú apuntándolos juguetonamente con su índice sin dejar de sonreír – no me obliguen a suponer que ya no me son útiles, saben que eso no nos conviene.

Diciendo esto último, la mujer guiñó un ojo a manera de despedida y, sin mirar atrás salió del laboratorio cerrando las pesadas rejas tras de sí.

Los tres científicos respiraron casi aliviados cuando el eco de los tacones de Khalú dejóde resonar por el sótano; Brennan se dejó caer pesadamente sobre una silla y Rossenbaum llevándose una mano al rostro y con la otra sosteniéndose para no caer al suelo, empezó a sollozar ahogadamente; como si hubiera hecho un esfuerzo sobrehumano para no hacerlo frente a esa mujer. Agatha al darse cuenta del estado de su compañera se acercó a ella sosteniéndola para ayudarla a sentarse.

- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Brennan – Se llevaron al tipo, nos quitaron la razón que nos volvía útiles a ellos ¿Qué haremos ahora?

- Hacer lo que nos ha pedido esa mujer – respondió De Souza – debemos perfeccionar el plasma sintético-

- El plasma sintético está terminado, Agatha – respondió Cira Rossenbaum – no era una chanza lo que le dije sino toda la verdad. No hay nada más que podamos hacer con eso, realmente no hay más vueltas que dar con la creación del plasma ya hemos llegado hasta donde la ciencia lo permite; no hay más que hacer.

- ¡No es posible! – dijo Agatha pasándose una mano temblorosa por la frente – Entonces no tardaremos en morir, definitivamente estamos en nuestros últimos días.

- Sí, así es – dijo Rossenbaum – pero no nos iremos sin dejar un legado aquí.

- ¿Qué es lo que quieres decir, Cira? – preguntó Brennan

- Quiero decir que la humanidad no morirá con nosotros, compañeros. Nuestro deber es perpetuar nuestra especie a como dé lugar.

Este comentario dejó extrañados a los otros dos compañeros quienes se miraron mutuamente antes de intentar formular una pregunta; mas, como si Cira les hubiera leído las mentes se apresuró a reír entre dientes mientras se levantaba y se dirigía hacia las mesas de los instrumentos.

- No se preocupen que no me estoy refiriendo a lo que se están imaginando. No me malinterpreten ustedes son libres de hacer lo que deseen, si me hago entender. Pero, aunque “perpetuar la especie” se comprende universalmente como apareamiento y embarazo, lamentablemente toma demasiado tiempo y, seamos realistas, no contamos con nueve meses.

- Ya te estoy comprendiendo Cira. ¡Clonación! – dijo Brennan con una amplia sonrisa.

- Un momento - interrumpió Agatha – aunque el proceso de clonación es rápido, la incubación del clon lleva exactamente el mismo tiempo que la gestación del feto en el vientre materno.

- Si, tienes razón Agatha – dijo Cira – pero yo desarrollé una forma de que el proceso de gestación in vitro sea muchísimo más rápido. Créeme, en menos de tres meses podría existir una nueva vida entre nosotros, y lo mejor del caso es que podemos mejorarla cuanto queramos. Podemos crear seres humanos que puedan hacer frente a estas aberraciones en un futuro.

- Y cómo lo vamos a hacer. Aquí encerrados jamás podríamos – dijo Brennan – Ese loco de Gilliam con seguridad volverá, a lo mejor ni si quiera contamos con los tres meses que dices necesitar. Y si lo logramos ¿en realidad crees que ellos van a permitir que esas criaturas vivan? Por favor, las matarán igual que a todos nosotros.

- Ya lo he pensado, Cobalt – dijo Cira – Es por eso que tenemos que salir de aquí.

- ¡Estás loca! Moriremos si lo intentamos siquiera.

- Es posible, Agatha – dijo Brennan – pero francamente prefiero morir intentándolo que quedarme aquí y esperar pacientemente a que uno de esos monstruos se apetezca de nosotros.

- Creo… que tienen razón pero; ¿Cómo lo haremos?

- Tranquila compañera, ya se nos ocurrirá algo. Por ahora lo principal es ponernos manos a la obra con lo que he ideado.

Así , comenzaron con los procesos necesarios: muestras de sangre y semen, extracción de óvulos vivos; Rossembaum se puso en la tarea de dar a sus compañeros lecciones relámpago de clonación y genética que tuvieron que asimilar sí o sí, lo demás lo irían aprendiendo sobre la práctica con la supervisión de la experta.

Cada dia venía Gilliam a vigilar cómo trabajaban en el plasma, ellos fingían trabajarlo y hacer su mejor esfuerzo en ello, mas, únicamente le practicaban ligeros cambios como exceso de fósforo y magnesio para incrementar el amargor o niveles de oxigenación para lograr cambios de color; la verdad eso en nada cambiaba las propiedades nutritivas del plasma pero Gilliam quedaba momentáneamente complacido y los dejaba en paz para que continúen trabajando.

Mientras ellos seguían con lo que en realidad les ocupaba: sus clones.