25.10.11

Precuela: El Septimo Vertice (Archivo 7)

La heridas que se le practicaban para tomar las muestras se cicatrizaban de inmediato dejando la piel tan impoluta como siempre, su sangre denotaba que su poseedor era poderoso, su simiente tenía vida y era fuerte,  por lo tanto era capaz de  mantener coito y procrear especímenes vivos que sin duda, compartían su poder.No había nada, ni arma ni veneno conocido que pueda causar daño al ser. Sin embargo, cuando Brennan intentaba particionar la célula para llevar a cabo el proceso de clonación, esta simplemente se esfumaba. La célula era etérea, el sujeto era “inclonable.Al escuchar esto Gilliam montó en furia una ciega; tiró abajo repisas, rompió tubos de ensayo; amenazó con beberlos ahí mismo si no lograban lo que les había ordenado. Pero De Souza, ya harta de tanta presión elevó valientemente su voz diciéndole que hiciera lo que quisiera. Si quería servirse de ellos podía hacerlo de una buena vez y librarlos así de sus vituperios y amenazas porque ellos ya no podían hacer más. El sujeto era poderoso, invencible y perfecto; pero irrepetible. Era un molde roto, no podía ser clonado.Justo cuando pensaban que serían sus últimos momentos de vida, se presentó en el laboratorio subterráneo una menuda mujer, de pequeña estatura, ondulados cabellos castaños y apacibles ojos verde agua. Cuando su voz resonó en el recinto, Gilliam dio un respingo e inmediatamente entró en una actitud de sumisión que dejó perplejos a los tres científicos. Al instante entendieron que aquella mujer, que comúnmente no supondría una amenaza para nadie era “ella”, la que los mantenía encerrados, la que había buscado la destrucción de la raza humana. La jefa de Gilliam.Ella era la misteriosa Señora Khalú, la dueña de Excelión.Casi sin tomarlos en cuenta se dirigió directamente a Gilliam hablándole en un idioma que ninguno de ellos logró definir. Al parecer hablaban del ser que estudiaban. Los ánimos se caldeaban, al parecer Khalú le estaba ordenando algo con respecto al sujeto, que Gilliam se resistía a cumplir. Por último, un grito de la mujer y una mirada que hubiera podido prenderle fuego por lo intensa; obligaron a callar al loco científico que, pasándose las manos nerviosamente por los desordenados cabellos, por último se dirigió a sus acompañantes; quienes al momento desconectaron los diversos sensores que reposaban en el cuerpo del sujeto y, colocándole de nuevo en la cámara criogénica, procedieron a llevárselo sin emitir sonido.Gilliam, que no dejaba de mirar nerviosamente a Khalú con la cabeza gacha, les dedicó una última mirada gélida antes de salir tras de la preciosa carga.Cuando los científicos se quedaron solos con Khalú en el sótano, ella se volteó y miró a cada uno de ellos.



-          Así que ustedes son los famosos científicos que contraté – dijo sosegadamente y sonriendo con cordialidad – no puedo quejarme, me siento muy complacida con vuestra labor. Les felicito, pues no es nada fácil complacerme a cabalidad.
-          ¿Usted es la dueña de Excelión? – preguntó De Souza.
-          Así es, doctora. Permítanme ofrecerles mis sinceras apologías por la forma en que les he mantenido aquí dentro todo este tiempo, pero créanme, era necesario.
-          ¿Entonces, nos dejará salir? – preguntó ansiosamente Brennan.
-          Lamentablemente no puedo hacer eso, pienso que aun son de mucha utilidad para mí- contestó amablemente Khalú.
-          No seas tonto Cobalt, nunca saldremos de aquí. ¿Verdad señora? – dijo Rossenbaum – a lo mucho cuando ya no nos necesite lo que hará será beber nuestra sangre piadosamente, digo, todo lo piadosamente que puede  hacerlo un vampiro ¿No es así?

Khalú rió entre dientes mostrando sus colmillos y detrás de ellos una lengua gelatinosa y punzante con mucha tranquilidad, pero en sus ojos verde agua algo se había revuelto ante esta insolencia de la genetista. Se acercó a ella mirándola fríamente sin dejar de sonreír.

-          Eres inteligente, judía – dijo Khalú con una tranquilidad casi tierna- sé que estas cosas las descubriste tan solo al ver al precioso espécimen que te envié; me lo ha dicho Gilliam. Sin embargo hay cosas que se deben guardar en el interior. La inteligencia no siempre es sabiduría. Tu mente – continuó, acariciando el cabello negro de la joven -  es un prodigio de conocimiento, pero el ímpetu de tu juventud no te ha permitido mantener la boca cerrada como es prudente.
 
-          ¡Por favor no le haga daño!- sollozó De Souza, claramente desesperada.
-          ¿Daño? ¿hacerle daño yo, a una de las personas que pusieron el mundo en la palma de mi mano? No doctora De Souza, yo sería incapaz de lastimar a ninguno de ustedes, máxime a quien ha desarrollado la formula que nos permitirá subsistir para dominar este mundo; y peor aun cuando todavía encuentro alguna utilidad en ustedes – Khalú caminó unos pasos tranquilamente, acariciando con la punta de sus dedos, como descuidadamente, la mesa y los instrumentos sobre ella mientras continuaba hablando con el mismo tono arrullador y gesticulando – yo solo quería indicarle a tu hermosa compañera cual es la regla de oro de la sabiduría: ver, oír y callar. Mi hermosa Cira, este es el secreto del buen vivir, me lo enseñó Sócrates en persona hace ya mucho tiempo. En fin, la razón por la que estoy aquí – dijo mirando fijamente a Cira Rossenbaum y acercándose a ella sonriendo tranquilamente – es para pedirles que continúen con su investigación del plasma sintético. No está terminado ¿saben? Algo le falta, su efecto no dura mucho no es como beber sangre humana; pero debe serlo. ¿Me explico? Yo no sé qué es lo que hará falta, pero confío plenamente en que ustedes lo descubrirán.
-          El plasma está terminado – dijo Rossenbaum, alejando su rostro de la blanca mano de Khalú que intentaba acariciarlo – no hay nada más que podamos hacer con él-
-          Por favor – dijo Khalú apuntándolos juguetonamente con su índice sin dejar de sonreír – no me obliguen a suponer que ya no me son útiles, saben que eso no nos conviene.

Diciendo esto último, la mujer guiñó un ojo a manera de despedida y, sin mirar atrás salió del laboratorio cerrando las pesadas rejas tras de sí.



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