28.10.10

LLEGA EL GOTH VALLEY 2010!!!‏

LLEGA A QUITO POR FIN EL EVENTO GOTICO MAS ESPERADO DEL AÑO!!!

"GOTH VALLEY ECUADOR 2010"

El Primer Festival de la Cultura Oscura en el País, con todas las manifestaciones del arte: TEATRO, POESIA, DANZA y MUSICA en un solo día!

Esta vez con el aval del Ilustre Muncipio de Quito y el I. Concejo Provincial de Pichincha


Evento Gratuito y Garantizado

CUPO LIMITADO


LOS ESPERAMOS!!!

Att.

Lord Michael
y la Fundación Equinoccio de Sombras
 
 

27.10.10

Los Niños del Abismo Cap.9

Continuando con la Novela que he estado publicando por este Blog seguimos con el capitulo NUEVE:


- 9-


Había derramado algunas gotas de sangre en la opulenta oficina del Conde, no me di cuenta que la daga me había cortado.

-          Bien hecho, “pelado”, bien hecho – dijo Jorge sonriendo
-          ¿Ya puedes soltarlo?
-          Claro que podemos – dijo uno de los chicos mientras lanzaba a Andrés a mis pies.
-          ¿Y la flauta? – pregunté mientras ayudaba a levantarlo
-          Toma tu porquería, esta cosa vale más que esa porquería de madera – dijo Jorge mientras se alejaba de nosotros
-          Ten calma Andrés, ya todo pasó – le dije mientras trataba de calmarlo, estaba nervioso y asustado, pero se inquietó más cuando vio la herida en mi mano, la verdad no noté la herida hasta que Andrés se preocupó por ella.

Pensé que con lo que había hecho todo pasaría, la verdad no pensé que por ese acto el espiral de amargura y locura solo aumentaría hasta explotar.

-          ¿De qué habla? – preguntó Jackie.
-          Al día siguiente del suceso de la daga y la flauta se lo conté todo a Josselyn...
-          ¿Cómo pudo suceder eso? – me preguntó en susurros Josselyn mientras me arrinconaba contra una oscura esquina del orfanato – arriesgué mi vida robando una de las copias de las llaves de la puerta trasera y te confié a la única persona que me interesa en este lugar infernal, el único que evita que me largue de aquí y ¡te sucede esto!

No supe qué decir, me sentía incomodo y más asustado aun que cuando recién llegué a este lugar, ella era la única persona que me había tratado bien y sentía que la había traicionado de una forma tan terrible que las palabras no eran suficiente para explicarle lo arrepentido que estaba de no haber podido con la única cosa que ella me había pedido desde que la conocía.

-          No puedo empezar a disculparme – le dije desviando mi mirada de su rostro molesto.
-          No, no puedes, ¿cómo puedo confiar en ti después de esto?
-          No sé si podrás, solo puedo decir que lo siento y que trataré de que no vuelva a pasar.

Ella me miró entre la oscuridad y la luz de la luna que se filtraba en cada esquina del patio interior, su respiración pesada demostraba que su furia no era contra mí sino contra toda la situación y su impotencia para no poder evitarlo. Cerró los ojos, lanzó  un suspiro y sonrió.

-          Hiciste lo que pudiste, no puedo decir que no estoy algo enojada contigo, pero siquiera trataste de ayudarlo.
-          Si, traté – susurré.
-          Así que ahora iremos a la cama antes de que algunos de los  “carceleros”  nos atrape fuera de nuestros dormitorios.
-          ¿Quiere decir que me perdonas?
-          Sshhh, quiere decir que iremos a dormir, lo del perdón, está en revisión.
-          De acuerdo – le sonreí.
-          Trata de ir en silencio, he escuchado que el Conde hará algún anuncio en la mañana, no quisiera escuchar que parte del anuncio sea tu castigo por estar fuera a estas horas.
-          No te preocupes, no será así, buenas noches.
-          Buenas noches.

El día siguiente amaneció nublado y frío, sin embargo, el sol pegaba fuertemente filtrándose entre las nubes; escuchaba a los que nos cuidaban comentarios de una especie de revuelta hacia el presidente y de ciertas torturas que realizaban los carabineros, sin embargo eso para mí no era lo importante en ese momento, un asunto mucho más urgente hacía que mi respiración se hiciera tan pesada; era el anuncio que el Conde tenía que hacer después de que todos desayunáramos.
Tenía miedo que hubiera descubierto lo que hice, tenía miedo del posible castigo que eso conllevaría.

-          ¿Qué pasa, viejo? – me preguntó uno de los niños.
-          Nada – le respondí, me sentí igual de perdido como cuando recién llegue al lugar, todo parecía tan irreal, como un mal sueño del que esperaba pronto despertar.
-          No tienes cara que no te pasa nada, ¿estás seguro que está todo bien?
-          Si estoy seguro, déjame comer.
-          Bueno, solo preguntaba.

Al salir al patio interior del orfanato el Conde ya había dispuesto una tarima y una especie de podio en el que iba a hablarnos a todos, las sillas estaban ya colocadas y la mayoría de las niñas se encontraban sentadas en silencio esperándonos para que el Conde empezara a hablar. Me sentía como un condenado a muerte esperando ser llevado a su ejecución, sudaba a mares a pesar el clima inusualmente frío y mi corazón latía tan fuerte que prácticamente era lo único que podía escuchar.

-          Niños y niñas – exclamó el Conde con una gran sonrisa en su pálido rostro – tengo alentadoras noticias para muchos de ustedes, como sabrán este es tan solo un lugar temporal y muchos de ustedes tienen, más temprano que tarde, la suerte de ir a un verdadero hogar, este es un lugar en donde descansaran para luego ser recompensados con una nueva familia y hoy, gracias a una benevolente comunidad en Europa ese sueño para muchos de ustedes, sin importar su edad y estado de salud será recompensado.

Todos los niños se miraron mutuamente algunos esbozando grandes sonrisas, otros con cara de preocupación en ellos.

-          A continuación anunciaré los nombres de los que tendrán la suerte de tener una nueva familia y vendrán conmigo para hacer el papeleo correspondiente. Mañana, si es posible doce de ustedes irán a Europa con una nueva familia que los cuidará y brindará amor.

Unos lacónicos aplausos de algunos pequeños entusiasmados cerraron el anuncio del Conde, mientras su ayudante se levantaba y empezaba a nombrar a los niños que se irían como llamándolos al patíbulo de la muerte. No podía evitar sentir que si escuchaba mi nombre moriría al instante, dejar la tierra en que nací por ir donde completos extraños no era algo que me alegrara a mí y al parecer yo no era el único.

-          A continuación los niños que se irán: Daniel, Petronio, María, Martha, Antonio, Iván, Víctor, Andrés, Sara, Miriam, Josué, Oscar. Los nombrados pasen a la oficina para más información.

Suspiré aliviado al darme cuenta que yo no estaba en la lista. Luego, al repasarla noté un nombre que sobresalió entre los demás: Andrés.
 Por un momento dudé que fuera él, después de todo, existían como tres chicos llamados Andrés y todos carecían de apellidos aunque no dudaban en inventarse uno para sentirse parte de una familia que hacía tiempo los había dejado.
Moví mi cabeza buscando a mi amigo y solo vi a Josselyn con su rostro encogido por el terror mientras agarraba con ambas manos la flauta de Andrés, sus ojos parecían a punto de derramar gruesas lágrimas;  en ese momento me di cuenta que era él quien estaba en la lista.
Mi corazón se detuvo, me sentía a morir quería caerme al piso y llorar pero no podía darme ese lujo, no delante de ella.
Me levanté aun con las piernas temblando de la conmoción y me acerqué  poco a poco a donde ella se encontraba, observé sus grandes ojos cafés y la abracé tan fuerte como pude, mientras ella lloraba  en mi hombro.

-          Tranquila, no llores – le dije tratando de calmarla.
-          ¿Qué quieres, que me ría? – me preguntó observándome con sus ojos llorosos indignada por lo que había dicho – una de las personas más importantes de mi vida, parte de mi familia se ha ido, ¿y quieres que no llore?

Yo no sabía qué hacer, nunca la había visto tan devastada;  ella era, desde que ingresé al orfanato, la que me había dado fuerzas para no enloquecer en aquel lugar y ahora ella era la que se desmoronaba en mis brazos.

-          Iremos por él – le susurré, mientras el resto de niños y personal del orfanato se dispersaba – escaparemos de aquí y estaremos juntos, nos llevaremos a Carolina también.
-          No, no sé, tengo miedo, no sé qué hacer – balbuceó.
-          Yo también, pero es mejor hacerlo ahora, si esperamos más te podrían separar de mí, eso no lo permitiré.

Ella sonrió y me dio un cálido beso en la mejilla. No pude evitar sonrojarme por su acción.



13.10.10

La novela gráfica

Es un termino controvertido, que puede referirse tanto a un formato de publicación
como a un tipo moderno de historieta para adultos surgida a finales del siglo pasado.
 En su sentido más estricto, puede definirse por los los siguientes rasgos:

    * Formato de libro.

    * Un único autor y más raramente un grupo de ellos.

    * Una única historia, generalmente extensa, con tendencia a la densidad.

    * Pretensiones temáticas de la Literatura con mayúscula
(subjetivismo autobiográfico, flash backs, diferentes tiempos narrativos, etc).

    * Destinada a un público maduro o adulto.

En cualquiera de los dos casos, puede considerarse, según Juan Antonio Ramírez,
 "como el último (hasta ahora) de los varios intentos hechos por el cómic de asaltar
la fortaleza de la respetabilidad cultural"

En España, la revista Monos (1904-08) subtitulaba como "la primera novela gráfica española"
 a la serie Travesuras de Bebé. Muchos años después, en 1948, se iniciaba la colección
La novela gráfica, de Ediciones Reguera, cuya publicidad indicaba

"La novela gráfica os dará a conocer las mejores novelas de la literatura mundial
por medio de dibujos explicados. Cada número contendrá el argumento completo de una novela
 de amor, aventuras, pasión o intriga, siempre dedicado a las personas mayores. Aparecerán
dos números al mes.
"

En Estados Unidos, el término inglés graphic-novel surge en los años 60, junto a otros términos como comic novel, graphic album, novel-in-pictures o visual novel. Las primeras apariciones conocidas del término en Estados Unidos son las siguientes:

    * Noviembre de 1964: Richard Kyle lo utiliza en CAPA-ALPHA nº2, un boletín publicado por la Comic Amateur Press Alliance, volviéndolo a hacer en su Fantasy Illustrated #5 de 1966.
    * 1976:
          o En la cubierta de "Bloodstar", de Richard Corben, que adaptaba una historia de Robert E. Howard;
          o En la contracubierta de la recopilación de "Beyond Time and Again" de George Metzger, publicada originalmente de forma serializada entre 1967 y 1972, y
          o En el prólogo de "Chandler: Red Tide" de Jim Steranko, aunque, realmente, se tratara más bien de prosa ilustrada.

    * 1978: En la cubierta de la versión en tapa blanda (pero no en la de tapa dura) de "Contrato con Dios", de Will Eisner. Según Eisner, se inspiró para crear el término en las novelas en imágenes publicadas en los años 30 por Lynd Ward. El éxito de ventas y crítica de la obra populariza, en cualquier caso, el término, llegando a atribuirse a Eisner su invención, lo cual crearía luego cierta polémica.

En 1982, el término era tan popular que la Editorial Marvel Comics lanzaría la línea Marvel Graphic Novel, cuyo primer número sería La muerte del Capitán Marvel de Jim Starlin.

Ese termino como cualquier otro es tan grande como nosotros queramos que sea...



12.10.10

Los Niños del Abismo Cap.8


- 8-

Nubes oscuras se cernían sobre Jackie. Remembranzas de su infancia la atormentaban en sueños. Una mano trataba de sujetarla, “Mamá no me dejes”  exclamaba la joven en sueños, al tiempo que escuchaba un amargo llanto y la mujer se desvanecía entre aquellas nubes oscuras.
Jackie se despertó de improviso. Hacía años que no tenía ese sueño el cual la había atormentado de pequeña, ahora volvía de nuevo.
Su cuerpo estaba lleno de sudor, sus manos temblaban y su respiración era dificultosa. No estaba segura ya de nada, se sentía perdida.

-          Apenas si la recuerdo – murmuraba mientras observaba temblar sus manos - ¿por qué debe interesarme qué motivos tuvo para dejarme?

No estaba segura aun de que haría, aunque no podía evitar sentir curiosidad. Desde siempre había sido curiosa, era uno de sus mayores virtudes y su peor defecto al mismo tiempo.
Aquella historia del viejo fotógrafo, el misterio de su madre ligado a aquel suceso y al orfanato era demasiado interesante para no querer escuchar el final de la historia.
Mientras observaba su café pensaba en la posibilidad de escuchar el resto de la historia del viejo, de saber el motivo por el cual fuera abandonada por su madre y las respuestas a muchas otras preguntas.
Un suspiro se le escapó mientras acercaba el café negro a sus labios carmesí.
Había tomado una decisión, no había tiempo que perder, quería escuchar el resto de la historia.
Sin pensarlo dos veces aceleró el paso tomando un bus que la llevaría a su destino, a las respuestas que ella siempre había esperado; su corazón latía tan rápido como un tambor en espera de escuchar lo que el viejo tenía que decir.
Después de algunas paradas de aquel bus destartalado y el soportar el llanto de los niños y los vendedores que subían y bajaban, finalmente llego a la puerta de aquel viejo edificio, se bajó de un salto y observó la gran edificación, en el exterior los almacenes trabajaban sin prestar atención a nada más, mientras que en el interior de la gran casona una persona permanecía sentada al pie de una puerta leyendo el periódico con su bastón en el piso.
Jackie se acercó hasta la reja y al observarlo, no pudo evitar dudar por unos segundos de la decisión que había tomado, pero ya estaba ahí y ya era tarde para arrepentirse, el viejo ya la había visto y se dirigía a donde ella se encontraba.

-          Veo que has tomado una decisión – dijo Manuel, mientras quitaba el candado de la reja.
-          Así es.
-          Entra y dime cuál es.

Jackie entró y se sentó al pie de la escalera secándose el sudor de su frente y arreglando su cabello.

-          Deseo saber –  fue la respuesta que dio.

Manuel apoyándose en su bastón la observó, primero serio, luego esbozando una sonrisa y después lanzando grandes carcajadas con una inusual alegría.

-          Disculpa mi niña, disculpa pero el recibir esta respuesta es lo mejor que me han dado en mucho tiempo – se excusaba el anciano mientras se calmaba - ¿es decir que podré continuar mi historia?
-          Si, aunque me gustaría que se centrara un poco más en mi madre, ¿era Josselyn?
-          Eso, aunque te enoje, no te lo puedo decir aun; le prometí a tu madre que si alguna vez te encontraba te contaría toda la historia, no solo una parte; es por eso que debes escucharla toda si quieres saber sobre tu madre. ¿Aun quieres que siga con la historia?

Jackie se quedó meditando sobre la respuesta del viejo fotógrafo durante unos minutos mientras sus manos se estrujaban entre ellas mezclando rabia y resignación.

-          Si esa es la única manera – suspiró la joven – pero ya que usted va a contar la historia a su manera por lo menos yo elegiré dónde la contara.
-          Me parece justo.
-          Venga, hay una vieja cafetería por aquí, me parece que es de antes de su época; nos sentaremos con un helado, unas galletas y me contará la historia.
Sin importar cuánto tarde quiero escucharla toda, desde donde nos quedamos hasta su final.

Manuel la observó feliz mientras sus arrugas se acentuaban por la sonrisa que esgrimía.

-          Mi niña... – dijo el viejo al tiempo que extendía su mano – no lo esperaría de otro modo.

“Poco a poco me fui acostumbrando al lugar y, aunque no podía borrar el dolor de mi pérdida, todo se fue atenuando con la ayuda de mis nuevos amigos, Josselyn y el muchacho de piel oscura y ojos claros que tocaba la flauta;  pronto descubrí un secreto sorprendente, lo recuerdo bien, estábamos de paseo a la iglesia que quedaba cerca de allí, creo que aun está en pie, San Francisco se llamaba, fuimos un gran grupo guiados todos por el asistente del Conde. según recuerdo era domingo así que como de costumbre iríamos temprano a misa y luego a comer helados, noté de inmediato lo emocionada que estaba Josselyn de ir, me pareció raro tomando en cuenta que siempre que le hablaba de curas o monjas me hablaba pestes de ellos y de la religión en general.
No pensé que fuera nada, sin embargo en ese momento decidí prestarle más atención a ella que a la misa en sí.
Al llegar a la iglesia nos sentamos en las primeras bancas tratando de hacer el menor ruido posible ya que el asistente del Conde era conocido por sus crueles castigos para quienes lo desobedecían, a pesar de que usualmente aparentaba ser alguien poseedor de un tierno corazón.
El asistente se encontraba de pie, todas las veces que fuimos a la iglesia nunca lo vi sentarse o hacer la señal de la cruz, era como si su única labor era cuidarnos y evitar que hiciéramos destrozos, más que participar de la misa como los demás asistentes.
De cuando en cuando veía de reojo a Josselyn para ver qué era lo que le entusiasmaba de esta salida en particular, al principio no lo noté, luego me percaté de inmediato.
Fue cuando vi que su rostro se había puesto ligeramente más colorado, como si se hubiera sonrojado al ver a alguien en especial, busqué hacia  donde había dirigido su mirada y finalmente me percaté, aunque se me hizo difícil entender en ese momento la razón de lo sucedido. Casi al final de la fila de bancas había una distinguida familia de rostro recio y a su izquierda estaba una joven de piel canela y profundos ojos negros y cabello del mismo color que miraba a mi amiga con una ardiente intensidad.
Después de aguantar un largo sermón en latín salimos en filas de dos, un niño al lado de una niña directo a la casa cuna para el almuerzo del domingo, pude notar que Josselyn sonreía de oreja a oreja, lo cual hacía rara vez desde que la conocía.

-          ¿Te gusta esa niña? – le susurré casi de improviso

Ella no dijo nada al escuchar mi pregunta, simplemente abrió sus ojos sorprendida de que lo haya notado y se sonrojó tanto como un tomate; no dije nada más acerca de ese tema, supuse que cuando ella estuviera lista me diría lo demás.

Mientras me encontraba en el gran salón donde todos nos sentábamos a comer, Josselyn se me acercó con su plato de comida en la mano y se sentó a mi derecha.
No me miró, siguió comiendo y observando a los demás, pensé que estaba enfadada; no sabía qué esperar de ella en ese momento.

-          ¿Cómo te diste cuenta? – preguntó finalmente sin mirarme.
-          Por la forma en que se miraban, aun recuerdo esa mirada en el rostro de mis padres cuando estaban vivos.

Sonrió de nuevo más no volteo a mirarme.

-          Aun no la conozco en persona, solo sé que se llama Carolina y que su padre trabaja con los carabineros, tengo miedo pero quiero conocerla.
-          ¿Qué te detiene?
-          Andrés, soy la única que lo cuida, si yo me voy, ¿quién cuidara de él?

Quedé en silencio por unos segundos meditando sobre ese problema mientras sorbía mi sopa, sabía que debía ayudarla, debía devolverle el favor que me hizo cuando me rescató aquel día.

-          Yo lo haré – dije finalmente.

Ella no dijo nada ni me miró, pero pude notar que se sorprendió por mis palabras, me dio un beso en la mejilla y me susurró: “tengo las llaves del portón, la veré el próximo sábado, te encargo a Andrés, cuídalo con tu vida.”

Fue una promesa que se me hizo difícil de mantener, era aun un niño y no siempre podía hacerme el rudo con los otros chicos del orfanato, especialmente con Jorge y su banda.
Un día lo comprobé cuando el Conde y su asistente habían salido y solo quedaban unos cuantos adultos bastante incompetentes para cuidarnos a todos.
Aquel delgado muchacho de grandes ojos sostenía con fuerza a Andrés respaldado por algunos chicos mayores que le servían como guardaespaldas, yo me sentía impotente, intenté gritar, hacer que se detuvieran pero eso parecía entretenerlos aun más, hasta que después de intercambiar unas miradas cómplices con algunos de su grupo y observar un reloj me impuso una prueba, un desafío para averiguar si valía la pena parar la tortura o seguir no solo con Andrés sino también conmigo.
Me sentía incomodo con la prueba que me habían impuesto pero Jorge y sus amigos no dejaban en paz a Andrés, no sabía qué hacer en ese momento. Josselyn se había ido con Carolina al parque San Francisco no sabía si volvería a tiempo; lo único que sabía era que Andrés era mi responsabilidad, sin embargo me sentía inútil al observar aquellas burlas despectivas sobre aquel frágil muchacho de piel canela.

-          ¡Basta! – grité sin siquiera darme cuenta de lo que estaba haciendo.
-          ¿Basta?, ¿cómo es eso que basta? Mira pelado, sin la  flaca por aquí yo mando así que lo jodemos hasta que YO me aburra, ¿estamos? – me dijo Jorge mientras acercaba su rostro a mi cara tratando de intimidarme.
-          ¿Qué se necesita para que lo dejes en paz? – pregunté reuniendo fuerzas para no hacerle sentir el miedo que brincaba en mi corazón.

El delgado muchacho me sonrió con sus labios rosados al tiempo que miraba a los demás y éstos le sonreían de vuelta.

-          Pues mira, esto es lo que tienes que hacer:  vas a la oficina del Conde y me traes lo más valioso que encuentres –me dijo mientras me mostraba la flauta de Andrés y sonreía – si te descubren no solo rompo esta porquería sino que le rompo las piernas al negro este.

No estaba seguro de qué iba a hacer, mi corazón rebotaba a mil por hora y de mi boca salió un: “¡de acuerdo lo haré!” el cual me sorprendí de haber dicho.
Jorge sonrió con unos dientes ligeramente amarillos e hizo que soltaran a Andrés mientras me abría paso para que cumpliera lo ofrecido.

-          Recuerda, lo más valioso que encuentres, te estaremos esperando “men”, no tardes mucho – dijo aquel delgaducho muchacho mientras me palmeaba la espalda dándome ánimos para que cumpliera aquella tarea.
-          Ya, pero no le hagan nada.
-          De ti depende.

Mis manos temblaron mientras caminaba por los pasillos del orfanato hasta la gran puerta de madera que permanecía cerrada, era la oficina del Conde; solté un suspiro y con algo de esfuerzo pude abrirla.
La estancia estaba iluminada por la chimenea  encendida  brindando una húmeda tibieza; a pesar de que en el exterior arreciaba un fuerte calor anunciando lluvia en cualquier momento.
El lugar parecía la habitación de un aristócrata incluso pude notar un escudo de armas bastante extraño y un bello ropero de caoba adornado con dos dragones en cada puerta pero lo que más me llamó la atención en ese momento fue una daga de bronce y plata la cual tomé esperando que con eso fuera suficiente para evitar que Jorge molestara más a Andrés y lo lastimara. Cuando ya me disponía a salir del lugar con absoluto éxito escuché pasos que se acercaban a la oficina;  el corazón casi me salta del pecho, pensé en escapar, pero, ¿escapar a dónde?
 No había cómo, no existían ventanas ni puertas de emergencia, estaba atrapado y cuando pensaba que sería mi fin,  recordé el gran armario de caoba y sin pensarlo dos veces me escabullí allí esperando que fuera mi salvación de ser descubierto. 
Abrí la puerta ligeramente. No podía evitar la curiosidad de saber qué sucedería en aquella oficina mientras permanecía escondido.
Era el Conde y su siempre sonriente ayudante hablando de negocios, según creí al principio, mas, luego de prestar atención entendí de qué iba aquella conversación la cual sería de suma importancia más tarde para mí:

-          ...Sí mi buen amigo, aun recuerdo aquella apuesta de ver quién tenía más sexo con vírgenes, el problema es que muchos de los involucrados eran sirvientes de mi padre.
-          No mi buen Conde, el problema fue que usted siempre era el más deseado en ese entonces por la corte inglesa.
-          Jajajaja, ¿de veras lo crees?, pensé que era porque aquellas mujeres solo veían mi dinero.
-          El hecho es que existe una gran diferencia entre un hombre y un gran hombre; eso me decía mi madre al compararme con Anthony, mi primo escocés – decía el sirviente del Conde mientras se arreglaba sus lentes.
-          Gracias por el voto de confianza, ahora veamos ese mapa que conseguiste con ese concejal.
-          No fue difícil, un poco de oro y esta gente haría lo que fuera.

Aquellos dos personajes extendieron un viejo pergamino sobre su escritorio y lo examinaron con detenimiento.

-          Entonces necesitaremos diez más para extraer el tesoro, ¿verdad? – preguntó el Conde.
-          Aproximadamente; diez adopciones en un día siempre es algo arriesgado, aun para este país tan caótico, poco a poco es mi recomendación.
-          Sí, creo que es lo mejor, si quiero obtener el medallón deberé ser paciente.
-          ¿Y el resto de riquezas, Milord? – inquirió el joven.
-          Dime, ¿tu estúpido primo se preocuparía por el medallón o por las riquezas enterradas?
-          Por las riquezas; es alguien simple de mente, nunca ha tenido visión de grandeza.
-          Entonces ya tienes tu respuesta. – dijo finalmente el Conde enrollando aquel pergamino y guardándolo en un cajón de su escritorio.

Ambos hombres se fueron. Escuché la puerta cerrarse mientras me aferraba a la daga de plata con mis manos sin darme cuenta que su hoja lastimaba mis palmas; estaba más preocupado de que no me descubrieran, había escuchado que los castigos por desobedecer las reglas del Conde eran brutales. Pasaron unos minutos que se me hicieron eternos y finalmente decidí abrir la puerta del armario.
El lugar estaba vacío, no había peligro, mas, podía notar que en aquel lugar se respiraba un aire pesado, viciado, no quise averiguar más de lo que ya sabía y me retiré en silencio.

-          ¿Lo liberaron a Andrés? – preguntó Jackie ansiosa por una respuesta - y si Josselyn era lesbiana entonces, ¿quién era mi madre?
-          Tantas preguntas en alguien tan joven. Calma, si no te doy todos los detalles, ¿cómo entenderás el final de la historia?

Jackie se quedó en silencio, se dio cuenta que aunque la historia se volvía por momentos desesperante, si no sabía todos los pormenores nunca entendería las acciones finales ni las razones que tuvieron para hacer lo que hicieron;  dejó escapar un corto suspiro de resignación y asintió con la cabeza en señal para que el viejo continuara con la historia, esta vez hasta el final...