25.12.10

Los Niños del Abismo(Cap. 12)


-12-

El anciano se quedó en silencio observando, perdido, sus manos llenas de cayos y arrugas mientras meditaba en lo que acaba de decir.

- ¿Qué sucedió después? – insistió Jackie.

- Es difícil recordar ciertos detalles – masculló mientras elevaba su rostro observando la compungida cara de la joven – todo parece un sueño y a veces una pesadilla, sin embargo fue real.

- Por favor, Manuel, dígame qué pasó

Jackie acercó su asiento más cerca del viejo mientras este suspiraba tratando de recordar más sobre aquel incomodo pasado, mientras el viento húmedo y frío anunciaba que la noche se acercaba.

La habitación estaba en absoluta oscuridad, lo recuerdo ahora; mis ataduras estaban aprisionándome tan fuerte que por momentos sentía como me cortaban la circulación; sin embargo sabía que debía hallar a Josselyn y a Andrés, algo en mi interior me decía que lo hiciera antes de que fuera tarde. Traté de liberarme moviéndome de un lado a otro hasta que finalmente la silla perdió su balance y cayó al piso.

Sentí un suave alivio en mí y un dolor punzante unos segundos después, supe que estaba herido pero que me había liberado. No pensé en mi herida. Pensé en mis amigos y en aquel extraño ser, el ayudante del Conde, quien debía ser detenido, aun a costa de mi vida.

Un esfuerzo más, una vuelta y un tirón y pronto estuve completamente libre de aquella silla y sus ataduras, revisé mi herida, era solo un moretón en mi costado, hubiera sido peor si fuera más delgado pero en esa época mi estomago regordete me salvó de romperme una costilla; dejé de lado el dolor que aquel moretón me producía y salí de inmediato de aquella habitación buscando a alguien que pudiera ayudarme, que me brindara alguna respuesta lógica a aquella fantasía aterradora.

No encontré a nadie, todo estaba desierto; ni siquiera los huérfanos se encontraban en sus camas, como si todos hubieran sido sacados de aquel lugar; subí al segundo piso y me deslicé por la ventana de mi antiguo dormitorio hasta el balcón al que teníamos prohibido ir.

Era de madrugada, aun no salía el sol; sin embargo pude ver grandes masas de gente reuniéndose aquí y allá mientras que los carabineros hacían lo suyo tratando de reprimir a aquel grupo, pero no hallé rastro de ninguno de los huérfanos, ni del Conde, ni de nadie que hubiera trabajado en el orfanato. Era como si se hubieran esfumado. De pronto escuché un gemido que me hizo darme cuenta que no me encontraba solo en aquel estrecho balcón.

- Nunca tuve tiempo de soñar o imaginar – dijo aquella persona refugiándose en una esquina oscura del balcón – siempre pensé que mi destino sería morir en la calle como lo hizo mi padre en manos de la policía, sin embargo lo haré aquí en este edificio y lo haré solo.

- ¿Quién está ahí?, ¿Jorge eres tú?

- Hola flaco, me alegra no estar tan solo como pensaba

- ¿Qué sucedió aquí?, ¿Dónde están todos?

- Tantas preguntas, también tenía preguntas antes, tantas preguntas y nadie las respondía quería crear mi propio juego, mis propias leyes y cuando nadie respondía a mis preguntas, mis propias respuestas pero, pero a esto no hallo respuesta alguna – dijo mientras sacaba una pistola que tenía escondida bajo su camiseta.

- ¿Qué sucede? ¿De dónde has sacado eso?, cálmate, sea lo que sea se puede arreglar – le dije nervioso.

- No, no se puede, ya es tarde, ya sé las respuestas a las preguntas, lo vi flaco; ese “man” no es humano ¡oh por Dios ya se las respuestas! – dijo él antes de llevarse el arma a la sien; el tiro resonó por toda la ciudad que permanecía en una calma inquietante.

La sangre salpicó mi rostro, oscura, aun cálida.

Después de haber visto a aquel ser imposible esperaba poder observar como el alma de aquel muchacho, apenas unos cuantos años mayor que yo dejaba aquel cuerpo, sin embargo no vi nada más que aquellos sesos regados sobre el piso del balcón y sus ojos perdidos en el vacío de la madrugada en una extraña mueca de miedo y confusión eternizados en su rostro.

Pobre Jorge, su alma no había sido tan fuerte como la mía para soportar lo que había descubierto; luego entendí que era porque en verdad estaba solo, no tenia, como yo, alguien por quien preocuparse.

- Adiós Jorge – le susurré mientras observaba cómo a lo lejos crecía la incertidumbre del pueblo y los carabineros – ante el gran esquema de las cosas tu odioso comportamiento es insignificante – me susurré a mí mismo, sorprendiéndome por la madurez de las palabras que salieron de mi boca, mientras ingresaba por la ventana al interior del orfanato.

Me sentía extraño, libre, ligero; como si la presión de ser quien debo ser según los ojos de la sociedad se esfumara y finalmente entendiera que había algo que debía hacer antes de caer de rodillas y llorar como mi corazón lo deseaba desde que vi el cuerpo inerte de Jorge. En ese instante me fijé que junto al cadáver, casi cubierto por la sangre de Jorge, emergía un objeto brillante. Era la daga que había robado de la oficina del Conde; la tomé y corrí hacia aquel cuarto secreto. Aquella tenebrosa mina donde había entrado con Josselyn esperando hallarlos, rogando a Dios o a quien me escuchara que no me perdiera.

El piso estaba casi en tinieblas, la ruta estaba casi a oscuras, solo unas pocas antorchas permanecían encendidas mientras un silencio casi sepulcral se apoderaba del corredor.

- ¡Josselyn!, ¡Andrés! – grité sin importarme quién me oyera.

No hubo respuesta.

Solo el viento; un viento cálido y húmedo que golpeó mi rostro. Parecía señalarme el camino pero mi mente y mi corazón se hallaban confundidos, asustados para darse cuenta de aquella señal y mi voz fue aumentando su tono mientras los llamaba una y otra vez sin recibir respuesta alguna.

Finalmente me arrodillé en aquella semioscuridad y empecé a llorar, estaba solo, sucio y asustado, trate de comportarme como un adulto pero a fin de cuentas era un niño y lo peor de todo: un niño asustado; me sentía de lo peor por no poder ayudarlos, odié a mis abuelos por dejarme aquí, odié a mis padres por morirse, al Conde por ser tan débil, a la criatura por utilizarnos, pero, por sobre todo me odié a mí mismo por ser tan inútil.

No había mano que me secara las lágrimas, solo estaba yo teniéndome lástima y odiándome en aquella penumbra.

Inesperadamente, en aquel mar de lágrimas que me había convertido, un dolor agudo me sobresaltó, una de esas hormigas con alas me había picado. La observé desconcertado y me puse de pie para abrirle paso, aquel pequeño insecto me abrió los ojos; mientras yo me compadecía por toda mi corta vida, afuera había gente que me necesitaba, me abofeteé a mí mismo con ambas manos pensando en lo tonto que fui por derrumbarme de esa manera y me encaminé hacia donde el viento soplaba, estaba decidido esta vez, si antes tenía alguna duda ahora se había esfumado, si aquel pequeño insecto me había movido a mí, estaba seguro que, aun siendo un niño yo podía hacer algo con respecto a todo lo que estaba pasando en aquel lugar.

22.12.10

El semblante de A

Existen dos lunas oscuras,

Que se posan sobre una nariz perfecta,

Cerca de un monte rosa,

Cuya belleza opaca aquellas lunas,

Que brillan con la música,

De una perfecta sonrisa,

Formando un rostro perfecto,

Impoluto por el tiempo,

Admirado y temido,

Amado y añorado,

Aquella fisonomía perfecta,

Entrelazada en su piel caoba,

Un eterno infante,

Cuyas facciones vuelan esculpiendo su imagen,

Entre ramas muertas y tumbas olvidadas,

Existe un rostro que no es uno,

Son varios,

Donde la perfección está unida a la ternura,

Y su efigie se aprecia entre las estrellas,

Junto al gato de Alicia.

21.12.10

Los Niños del Abismo(Cap. 11)



- 11 -

Hacía frío en aquel túnel, lo recuerdo bien; la semioscuridad era bastante abrumadora para alguien de mi edad, incluso para Josselyn lo era; sin embargo ella aparentaba no demostrar temor alguno, supongo que era mejor así, sé que si ella lo hubiera demostrado yo no me hubiera atrevido a seguir un centímetro más adentro de aquella tétrica caverna.

- ¿Qué es este lugar Josselyn? – le pregunté tratando de aclarar mi voz la cual se quebraba por el miedo que sentía.

- No lo sé, pero muchos de los chicos de aquí supuestamente fueron adoptados, solo espero hallar a Andrés pronto.

Caminamos por un tiempo indefinido en aquella eterna semioscuridad, hasta que hallamos una sombra solitaria que se mecía de un lado a otro en una esquina de aquella cueva, al principio no lo distinguimos bien, ninguno de los chicos que trabajaban en aquel lugar parecía tomarnos en cuenta, para ellos éramos invisibles, sin embargo aquel muchacho pareció reconocernos a pesar de la poca luz. No dijo nada, solo nos saludo, y sonrió.

- ¡Andrés! – exclamó en un susurro suave Josselyn mientras corría entre los demás chicos que escarbaban la tierra.

Yo también sonreí. El estaba vivo, sin su flauta pero vivo; caminé hacia él tratando de alcanzarlos, estar con ellos y abrazarlos pero un terrible dolor en mi cabeza me impidió caminar más; todo se fue oscureciendo, de aquel momento recuerdo poco, flashes tan solo: Josselyn corriendo hacia mí preocupada, Andrés contra la pared con una asustada expresión, una mano como garra sosteniéndome y finalmente sangre cayendo ante mis ojos para finalmente caer en una infinita oscuridad.

- ¿Qué pasó?, ¿Qué sucedió después? – exclamó Jackie.

Manuel Sonrió.

- Ten paciencia, ¿Quieres que lance el plato principal sin disfrutar por completo el entremés? – preguntó este acomodándose en su silla.

- Tiene razón – dijo ella entendiendo aquella curiosa pregunta – siga por favor, lo escucho.

La oscuridad pudo durar una eternidad por lo que sabía; solo sé que al despertar me encontraba atado a una silla, estaba solo o por lo menos eso creía yo, podía escuchar el chisporrotear del fuego, una chimenea me calentaba; apenas podía ver bien y aunque tenía la vista nublada traté de buscar a Josselyn y a Andrés en aquel lugar, pero no los encontré.

- No están aquí – me dijo una voz que no reconocí al principio.

- ¿Quién, quién está ahí?

- Ten calma muchacho – me respondió acercándose a mí, mostrándose ante mí, sonriente – siento mucho lo de tu cabeza, tuve que hacerlo para que vinieras aquí sin ningún inconveniente.

- ¡Tú! – exclamé al ver al Conde sonriente y pulcro sosteniendo con ambas manos el bastón con el que me había golpeado - ¿Qué demonios está sucediendo aquí?

- ¿Aquí?, ¡oh! Mi querido muchacho en estas tierras, en este mundo sucede demasiado para ser contado en el poco tiempo que tenemos, en cualquier caso si fueras otro me hubiera asegurado de desaparecerte como a los demás que se interpusieron en mi camino, pero tú eres diferente, me recuerdas a mí cuando tenía tu edad.

- No, no soy nada como tú, yo no estoy loco – exclamé.

- ¿Loco?, eso depende del punto de vista, lo que a ti te parece locura a cualquier otro le puede parecer genialidad, déjame meditar en tu situación, eres un exiliado de sangre azul, un noble entre la escoria sin embargo tu propia familia te rechazó.

Las palabras del Conde calaban en mi corazón como un puñal en mi pecho, no podía negar nada de lo que decía, solo retorcerme en mis ataduras evitando que el llanto emergiera de mis ojos.

- Estoy llegando a una fibra delicada – sonrió el Conde levantando mi rostro y observándolo – como verás nos parecemos más de lo que crees mi niño, en casi todo; excepto que yo no me detendré ante nada para obtener lo que deseo.

- ¿Y qué mierda quieres, qué justifica toda esta pesadilla?

- ¡Venganza por supuesto! – exclamó – un secreto me fue confiado cuando estudiaba confinado en un monasterio, alejado de mi familia, despreciado por ser el hijo de un conde y una de sus criadas, ahí descubrí la llave para abrir una puerta que me brindará poder y eternidad – el Conde abrió sus ojos mientras se vislumbraba un dejo de locura en sus pupilas – si, aun recuerdo bien las palabras de ese libro:

La media luna: señor de la noche perpetua; La estrella: señor de la luz agonizante; El ave negra: el señor de los huesos calcinados; El ojo: el señor de la última mirada; La flor: el señor del silencio perpetuo; La mariposa: el mensajero del fin. Los símbolos de aquellos seres estarán a flor de piel…

- ¿De qué demonios está hablando? ¿Qué es lo que pretende en verdad y por qué aquí?

- Esa es una historia muy larga, veras…

- ¡Conde! – exclamó una voz profunda y tétrica que lleno todo el salón en el que yo y aquel sujeto nos encontrábamos – ya ha dicho suficiente, por favor deje la habitación.

- Si, si, tienes razón debo retirarme, estoy tan cansado – susurró el Conde secándose el sudor de su cabeza mientras se encaminaba lentamente fuera de mi visión.

Una sombra oscura se apoderó de la habitación, incluso el fuego que calentaba la estancia húmeda se apagó y el lugar quedó en una azulada oscuridad. Mi piel sudada por el calor del lugar se fue enfriando cuando aquella sombra se acercó hacia mí.

- Veo que al fin alguien descubrió nuestra pequeña maniobra, sin embargo nunca pensé que fueras tú – dijo aquella sombra sonriéndome desde la oscuridad.

- ¡Tú! – exclamé, sorprendido al ver al joven asistente del Conde con la escasa luz que quedaba.

El me observó sonriente con su mirada fría y sin vida mientras esbozaba aquella tétrica sonrisa.

- Los mortales no entienden la verdadera medida del universo, se limitan a sus absurdas historias y se dejan manipular por otros humanos más poderosos – reflexionaba, mientras observaba cada uno de los objetos de la habitación.

Lo examiné con mi mirada, intrigado por su acción y las palabras que me había dicho recién, trataba de entender los motivos por lo que hacía todo esto, pero no lo entendía por completo, ¿ambición, venganza? Era difícil saber.

- ¿Qué quieres?, ¿Qué eres? – pregunté finalmente.

El me sonrió más. Fue una sonrisa vacía y malévola, al punto que casi me orino del miedo.

- ¿Qué quiero? – me repreguntó – lo que todos quieren: libertad; y sobre qué soy, pues, la respuesta es mucho más complicada de lo que crees, ¿de veras quieres la respuesta a la segunda pregunta?

Tragué saliva y me quedé en silencio pensando por unos segundos hasta que finalmente dije:

- Sí, quiero saberlo.

- Tienes el honor de que me presente ante ti, en eones no lo he hecho ante humano alguno; en épocas pasadas me llamaban Zulkuk, el devorador de almas, fui uno de los Dioses elementales en el gran principio que gobernaban grandes extensiones del universo oscuro; nuestra presencia solo era distinguible por nuestras marcas sagradas, hasta la gran batalla en la que perdimos nuestro corazón que era de uno y de todos – susurró finalmente, mientras su mirada se perdía en recuerdos estremecedores.

La habitación se sintió un poco más fría que antes y su piel pálida parecía casi transparente, podía apreciar sus venas y arterias con gran facilidad.

Mi cuerpo se estremeció ante la presentación de aquel ser, había develado su secreto ante mí sin ningún preámbulo destruyendo los preceptos con los que había sido criado, se me hacía difícil captar las palabras de aquel ser y no asociarlas con Satanás y Jesucristo; después de todo aun era un niño y era demasiado para mí entender todo lo que había visto y escuchado hasta el momento.

- Se te hace difícil entenderlo, ¿verdad? – me dijo finalmente Zulkuk acercándose a mi rostro, al punto que pude sentir su fétido aliento en mis fosas nasales.

- Yo… si… no lo entiendo, por favor déjeme en paz – balbuceé.

- Por supuesto que no lo entiendes, eres tan solo un pequeño y un humano además.

- Debo admitir que a pesar de los años aun se me hace difícil entender sus palabras y la explicación que dio a continuación.

- Por siglos lo he buscado, condenado a permanecer en estas tierras, lejos de los míos pero ahora que estoy tan cerca no permitiré que nadie se interponga así tenga que usar el poco poder que me queda para frenarlos – masculló arrodillándose ante el congelado fuego y observándolo con una extraña fascinación.

- ¿Qué es lo que buscas que valga la pena toda esta pesadilla?

- Mi corazón niño, busco mi corazón; muchos lo conocen como un amuleto, pero dicho objeto aparte de dar infinito poder a su poseedor, me dará la oportunidad de abrir la puerta que separa ambos mundos para unirlos otra vez como uno solo. ¡Pronto los grandes colosos olvidados regresarán a traer paz y justicia a los impíos! – exclamó con notable excitación en todo su ser.

- Estás loco, eso que quieres hacer es malo, la gente se dará cuenta, te detendrá – susurré asustado.

El me miró sorprendido por mis palabras y trató al principio de contener su risa, pero finalmente no pudo más y estalló en una sonora carcajada para luego calmarse y sentarse en una silla al frente de mí y observarme con fascinación.

- He estado buscándolo por más de tres mil años, ¿crees que alguien se ha dado cuenta?, los humanos son demasiado estúpidos; en este momento el presidente de este país ha llevado a su población a una desesperación casi total y está al punto de una enfrentamiento armado, nadie se daría cuenta de mi surgimiento, están muy ocupados con sus propias patéticas vidas.

Tragué saliva y lo miré de forma dura; supe en ese momento que tenía razón pero no lo quise admitir solo permanecí en silencio, hasta que recordé a mis amigos.

- ¿Dónde están Josselyn y Andrés?, ¿Qué has hecho con ellos?

Mi pregunta pareció divertirlo de nuevo y levantándose de la silla en la que se había sentado tomó una copa de brandy y luego de probar el licor se despidió de mí con un “buenas noches” para luego cerrar la puerta con llave y dejarme en la oscuridad de aquella habitación con aun más preguntas que al principio.


13.12.10

Las cosas que me ha dado la literatura



Hace algún tiempo una conocida mía desprecio con palabras llenas de odio mi camino por el mundo del arte, se que ella es una mujer practica que solo se fija en la música...¡esperen! la música también es arte, bueno eso se lo tendrían que explicar a ella pero el punto es que he estado pensando en los puntos fuertes que me ha traído este camino, la escritura y a continuación enumero las cosas buenas que me ha llevado este camino el cual no esta falto de espinas y lágrimas:

1) Si bien la literatura no ha sido la única razón para tener relaciones sexuales(muchas veces nisiquiera había una razón, solo hubo sexo) la literatura y el ser escritor me ha ayudado a tener sexo con las personas mas extrañas y en los lugares mas curiosos. No diré cuales.

2) En el mundillo de la literatura la aparición de amigos de diferentes profesiones ha sido de gran ayuda psicológicamente y socialmente.

3) Sabiduría, las amistades literarias y el sexo que me ha brindado la literatura me ha la ha brindado, si bien muchas veces aparento ser mas infantil e inmaduro es un escudo para gente que podría ver mi sabiduría como algo que temer.

4) Dinero, aproximadamente 700.25 hasta la fecha se que no mucho pero es mio y bien ganado.

5) Reportajes en periódicos nacionales y en una revista en Turquía al igual que en revista de arte holandesa y una revista gay de la república Checa, ha dado a conocer mi nombre, mi arte y mi opinión a gente que tal vez nunca hubiera podido escuchar de mi o de mi obra de no haber aparecido en dichas publicaciones.

6) Y por sobre todo inmortalidad ya que estos personajes que he creado, estos mundos ya sean rosas o bizarros, poco conocido o best seller mi arte ya es parte del inconsciente colectivo por lo que tal vez la gente después de mi muerte no recuerde mi nombre pero recordaran mis personajes o mis historias y eso me hará eterno.

Se que no deberia justificarme, esta no es una justificacion, es mas bien una aclaracion, para cerrar la boca a esas personas retrogradas que piensan que por seguir un sueño y que ese sueño sea en el campo artistico es una perdida de tiempo. Hay pocos aun con esa mentalidad debil pero es bueno aclarar para esas pocas mentes estrechas que hay en el ciber espacio.


8.12.10

No es mio...pero es muy bueno XD

Manual de combate


dijeron que Céline era un nazi
dijeron que Pound era un fascista
dijeron que Hamsun era un nazi y un fascista.
pusieron a Dostoievsky frente a un pelotón
de fusilamiento
y mataron a Lorca
le dieron electroshocks a Hemingway
(y vos sabés que se pegó un tiro)
y echaron a Villon de la ciudad (París)
y Mayakovsky
desilusionado con el régimen
y luego de una pelea de enamorados,
bueno,
también se pegó un tiro.
Chatterton se tomó veneno de ratas
y funcionó
y algunos dicen que Malcom Lowry se murió
ahogado en su propio vómito
borracho.
Crane se tiró a las hélices
del barco o a los tiburones.

El sol de Harry Crosby era negro.
Berryman prefirió el puente.
Plath no encendió el horno.

Séneca se cortó las muñecas en la
bañera (es la mejor manera:
en agua tibia)
Thomas y Behan se emborracharon
hasta morir y
hay muchos más.
¿y vos querés ser un
escritor?

es esa clase de guerra:
la creación mata,
muchos se vuelven locos,
algunos pierden el rumbo y
no lo pueden hacer
nunca más.
algunos pocos llegan a viejo.
algunos pocos hacen plata.
algunos se mueren de hambre (como Vallejo).
es esa clase de guerra:
bajas por todas partes.

está bien, adelante
hacelo
pero cuando te ataquen
por el lado que no ves
no me vengas con
remordimientos.

ahora me voy a fumar un cigarrillo
en la bañera
y luego me voy a ir a
dormir

                                 
                                  CHARLES BUKOWSKI