23.11.09

Opinion de la Poeta sonia Manzano del Aullido de las Moscas


Irrespetando la línea imaginaria que separa lo real de lo onírico y lo espectral, José Núñez del Arco(Guayaquil 1980), nos introduce en las venas el liquido escalofriante de los submundos ocultos, sirviéndose de un instrumento mediático: El aullido de las moscas, libro de pequeño formato cuyas apretadas paginas nos revelan a un genuino maestro de la Literatura del Terror, seguido del canon establecido por nombres tales como Mary Shelley, Edgar Allan Poe, Kramer y, un poco mas adelante, por Stephen King; pero a su vez, poseedor de un estilo propio, no solo porque ha sabido imprimirlo con solvencia en este, su cuentario iniciático, sino también porque dentro del rubro de la literatura ecuatoriana del terror, no se registra el nombre de ningún autor que haya podido llenar, aunque sea decorosamente, el espacio anotado.

La narrativa de Núñez del Arco, llena significativamente ese vacío con sus cuentos irreverentes, mezcla de premoniciones y miedos, pero también combinación atrevida de sexo locura y muerte.

El miedo esta impreso de manera recalcitrante en varios relatos de este ensordecedor “coro de aullidos” cuyo vigor espeluznante se hace presente desde el mismo autoprologo del libro, el que es una tacita advertencia del autor a sus potenciales lectores en el sentido de que los esperan historias desestabilizantes, narradas por una voluntad creativa “poseídas por fuerzas demoníacas”.

El miedo tratado en forma bifronte: el que experimenta la psiquis y el que palpita en el mundo externo, oprime entre estos dos aspectos al protagonista de “Tranquilizante Fílmico”, quien en si concentra los caracteres de los protagonistas de este cuentario: casi todos los personajes horrorizados del papel que les ha tocado cumplir dentro de las dramáticas situaciones que encaran los cuentos.

El miedo, como factor de suscitación sexual, tendrá una presencia enfática en el texto “orgasmo interdimensional”, cuyo clímax sobrevendrá luego del manipuleo obsesivo al que el protagonista somete a un cubo de juguete, que cobrara súbita vida cuando “cientos de pequeñas cadenas con garfios afilados emergieron del interior de aquel ser espectral, fijándose a todo mi cuerpo desgarrándome lentamente, excitándome, deshaciendo mi ser en un orgasmo inacabable, matándome”.

Cuentos dentro de los cuales el paroxismo textual esta articulado al cimas de tipo sexual, son aquellos en los que la voz protagónica se entrega con intensidad a encuentros amatorios con seres vivos o con muertos, o también consigo mismo, cuando practica el placer carnal en solitario.

Textos marcadamente eróticos constituyen “Serpientes en mi”, “El clímax del silencio” y “Conversación Final”, los que por su literaturalidad implícita no se internan en el campo de la explicitad pornográfica, sino que se mueven en un clima de abierta sugestividad.

“Aúllan las moscas” de manera ensordecedora cuando se posan sobre la textualidad pútrida de piezas de innegable calidad como “El Intercambio” y “Bajo las sombras del olvido”.

Cuento nimbado por un halo fantasmal, como el característico de la “Mansión Usher” de Edgar Allan Poe, es “El Intercambio”, el que presenta como foco argumental una situación del todo inédita en la realística nacional, la que obligado a enseñarle a su hermano menor, quien irremediablemente va a morir a causa de un cáncer terminal, el espacio en el que reposara su muerte por siempre: un cementerio.

Mención especial merecen los cuentos breves del narrador, todos ellos provistos del elemento sorpresa, cuando no de una dosis de humor negro, como los titulados “Velatorio”, “Claustrofobia”, “Uno de despedida”, etc. Destaca en estas piezas cortas el titulado “La Fiezta”, cuyo contenido ha sido verbalizado con dramatismo taurino, mediante el monologar de un toro sometido a las barbaridades de la “fiesta Brava”.

Con El Aullido de las Moscas, José Núñez del Arco ingresa por derecho propio, y bien consolidado, a los anales prestigiosos de ese rubro de la narrativa ecuatoriana, todavía poco cultivada, en el que la paranormalidad se fusiona al mundo real para entregarnos, productos en los que la opaca sombra de la premonición se conjuga con la luz del verdadero hallazgo literario.

Sonia Manzano Vela

1.11.09

Los Niños del Abismo(Cap.3)

- 3 -

- Es lo más interesante que he escuchado – dijo la joven con un rostro maravillado por las palabras de aquel distinguido caballero, mientras sorbía un poco del vino que contenía la copa.

El anciano sonrió y probó un poco del vino también, mientras suspiraba observando el líquido carmesí que contenía la copa, imbuido en sus propios recuerdos al tiempo que decía:

- Y es tan solo el principio.

- No puedo esperar a que me diga el resto – insistió la joven de bienes raíces, mientras se le iluminaba el rostro.

El anciano sorbió un poco más del vino, lanzó un largo suspiro y sonrió mostrando unos perfectos y blancos dientes a la joven vendedora.

- Todo a su tiempo mi amiga, si le contara toda la historia ahora, ¿dónde estaría la diversión?

La joven entendió que aquel abreboca sería todo lo que el anciano contaría sobre su vida en el orfanato por el día de hoy.

- Lamento haber sido tan insistente

- No se disculpe, venga a la misma hora mañana, esta vez me encontrará aquí mientras arreglo todo, le prometo que le contaré algo más sobre mi vida, si así lo desea.

La mujer asintió con una sonrisa.

La tarde agonizaba y, mientras la joven vendedora salía del edificio, veía como el anciano se detenía en mitad del patio interior observando las habitaciones ahora vacías del lugar, los pasillos y escaleras, era como si aun pudiera escuchar las risas y la humillación de su primer día en aquel lugar, al igual que el recuerdo de su salvadora la cual parecía traerle una sonrisa cada vez que la mencionaba, aquella actitud hizo que la vendedora sintiera más curiosidad sobre aquel viejo fotógrafo y la idea de regresar a escuchar el resto de la historia se hizo por demás irresistible.