25.6.06

CULTO sin NoMbRe

Susurraba el viento nocturno en los bosques cercanos a la casa de la señora Pomery mientras una silenciosa luz roja surcaba el largo camino en dirección a aquel lugar al final del camino. La luz se detuvo en la puerta de aquella casona vieja y silenciosa mientras un joven de unos veintitantos años salía de aquel vehículo policial y arreglaba su uniforme al tiempo que examinaba el solitario camino carente de movimiento o de vida alguna. Un desolado paraje en la oscura noche cuya única luz era la que la luna brindaba.

- Buenas noches – grito el joven mientras tocaba la puerta de aquella casa la cual parecía
abandonada a simple vista.

La llamada no provoco ninguna respuesta, cosa que hizo que el joven oficial se preocupara un poco mas por la anciana que vivía allí. Había escuchado reportes de inusuales sucesos ocurridos en las casas que se encontraban fuera del pueblo, sin embargo la repentina desaparición del nieto de la señora Pomery, Anthony hizo que el joven oficial prestara mas atención a los rumores que estaban poblando su ciudad.

- ¿Señora Pomery, se encuentra ahí? – repitió el oficial esta vez ingresando a la casa con un
especial cuidado.
- Adelante, Andrés, pasa a la cocina directamente – dijo una voz la cual no era de la señora
Pomery y la cual el oficial parecía reconocer.

El joven oficial desenfundo nervioso su arma caminando a paso lento mientras examinaba el lugar con la esperanza de hallar alguna pista que revelara aquellas extrañas desapariciones y los rumores sobre cultos antiguos resurgiendo en aquel pueblo tan tranquilo como era el suyo.
Los pasos del oficial hacían que la madera rechinara de una forma que parecían quejidos humanos o por lo menos eso pensaba Andrés con cada paso mas cerca de la cocina. Al detenerse a unos centímetros de la cocina observo una sombra delgada y pequeña caminando por el lugar sosteniendo algún objeto sin forma, escurriéndolos y riendo; aquella risa se le hizo conocida, aquella invitación a pasar y la risa le recordaba al joven Anthony el cual había desaparecido hace ya dos semanas. El oficial dio un suspiro de alivio e ingreso a la cocina esperando encontrarse con el joven haciendo alguna travesura, sin embargo no encontró a nadie en aquel lugar. La cocina parecía vacía, como si nadie la hubiera ocupado en varios días, incluso una ligera capa de polvo revelaba aquella suposición.

- ¿Anthony?, ¿Te encuentras por aquí?, ¿señora Pomery?

Los llamados del oficial no fueron respondidos es como si la casa se hubiera vaciado hacia varios días por sus ocupantes.
El joven se acerco al horno abriéndolo lentamente al observar la profusa cantidad de humo que salía de allí. Casi grita al observar lo que se encontraba dentro del horno, cuando se disipo el humo observo un corazón aun sangrante colocado con un inusual cuidado en el horno y por la basta experiencia del policía podía asegurar que era humano, el oficial retrocedió un par de pasos para tratar de no vomitar por lo que había visto y trato de hallar algo de sentido a su descubrimiento.
Un sudor frío empezó a recorrer la cabeza del joven oficial y su piel canela tiritaba con un extraño frío sepulcral, sus ojos marrones trataban de ubicar pruebas de algún posible crimen o hecho extraño mas todo parecía normal, nada estaba fuera de su lugar y ningún ruido se había reportado a la policía a excepción de la desaparición de Anthony. Solo aquellos rumores que inundaban el pueblo desde hacia dos meses atrás.
Un susurro llamo la atención del oficial dirigiendo su mirada a la entrada de la casa. El joven Anthony se encontraba frente a la puerta, pálido y sonriente lo invitaba a seguirlo a un destino desconocido, el joven oficial trato de hablarle mas el muchacho dirigió su dedo índice a sus labios en señal de silencio y le indico que lo siguiera.
El delgado cuerpo de Anthony parecía volar por entre las ramas y arbustos y a Andrés se le hacia casi imposible seguirlo, la respiración del joven oficial era pesada y su sudor frío se había convertido en un insoportable sopor caliente que se le impregnaba en su uniforme.

- Espera Tony, no puedo ir tan rápido, ¿a dónde vamos? – pregunto el oficial usando el
sobrenombre que se le daba al chico sin recibir respuesta alguna.

Cuando parecía que el joven oficial perdería al muchacho los arbustos se perdieron y los árboles se quedaron atrás para mostrar un inmenso claro en forma circular donde se encontraban varias personas ataviadas con túnicas oscuras de pie junto a un inmenso monolito cubierto de extrañas escrituras parecidas a jeroglíficos mayas invocando cánticos en una extraña lengua desconocida al tiempo que una extraña sombra parecía extenderse por entre aquellas personas, mas oscura que la noche misma, vacía y al mismo tiempo viva.

- Anthony, ¿qué es este lugar?, ¿dónde estamos?, Tony respóndeme – le pidió el oficial al
muchacho quien se detuvo en seco frente a aquella extraña escena.
- Hemos llegado - susurro el muchacho sin prestarle atención al oficial.
- ¿A dónde hemos llegado Tony?, ¿qué es todo esto? – siguió preguntando el oficial cada vez mas
inquieto por la actitud del joven al tiempo que trato de tomarlo del brazo y apartarlo de
aquellas personas quienes parecían no tomarlos en cuenta.
- Mi nombre no es Tony, alguna vez fue Anthony, pero ese tampoco es mi nombre ahora –
repuso el muchacho dándose vuelta de improviso observando al oficial con unos brillantes ojos
rojos y una deformada mueca sonriente- la piedad Oscura me ha nombrado de nuevo, todos
somos hijos nacidos de su oscuridad y pronto retornaremos a ella.

Aquel extraño suceso hizo que el joven oficial se le erizara la piel toda y corriera en busca de ayuda volviéndose adentrar a la maleza y arbustos los cuales en aquella noche sin estrellas los hacían ver como espectros de épocas pasadas.

- ¡Auxilio, ayuda, alguien ayúdeme! – gritaba el oficial desesperado.
- Yo también corrí asustado la primera vez que vi lo que vi, pero ahora que soy parte de esto
te aseguro que nunca me he sentido mejor, creeme tu también lo sentirás – repuso Anthony
surgiendo de entre los árboles esbozando aquella mueca que trataba de ser una sonrisa
mientras se le acercaba al oficial, demasiado asustado para pensar.

Para el oficial Andrés Bardales la noche del 21 de Julio fue la ultima noche que se supo de el, desapareció junto con otros veinte ciudadanos en el termino de dos meses, se dice que fue alguna clase de culto secreto que ofrecía sacrificios a un Dios antiguo, otros dicen que simplemente se cansaron de la aburrida tranquilidad del pueblo y simplemente se fueron lo que si se sabe es que en aquel lapso de tiempo muchas de aquellas propiedades salieron a la venta.

- ¿Y me quiere decir que todo esto sucedió en verdad? – le reclamaba el regordete padre de
familia al vendedor de bienes raíces.
- No sabría decirle caballero, esos son los rumores que han recorrido el pueblo, lo que si se es
que desde que se fundo el pueblo han habido estas inusuales desapariciones por el lapso de dos
meses cada tres años, además lo único que se descubrió del oficial fueron las huellas dejadas
por este en el bosque. La leyenda asegura que estas tierras eran sagradas para los antiguos
habitantes, aquí adoraban a su Dios-demonio del que aseguraban que nacían y morían todas
las cosas que existen y existirán.
- Pamplinas, son solo estúpidas leyendas para atraer turistas.
- Si usted lo dice señor – dijo el joven vendedor de bienes raíces ajustándose sus lentes a sus
ojos marrones claros – solo firme aquí y la casa será suya.
- Ok, así será mi amigo y gracias por todo.

El joven observo los documentos firmados y no pudo esbozar una extraña sonrisa en aquel rostro que parecía carecer de emoción alguna.

- No mi amigo gracias a usted, y bienvenido a La piedad Oscura.

J.A.N.A.C.