26.3.06

LA FIEZTA!


Para quienes crean que cometi error ortografico el titulo esta escrito de esa manera a proposito para recordar que las fiestas taurinas tienen su inicio y apogeo en España:


La Fiezta




Al despertarme en la mañana pude escuchar un gran jaleo en los alrededores. Gritos y fanfarrias se podían escuchar en todos lados. De improviso un gran grupo de hombres mal encarados me llevaron a una oscura habitación en donde empecé a preguntarme ¿que demonios estaba sucediendo aquí?
Después de varios minutos en aquel lugar en tinieblas en el que me encontraba una puerta se abrió delante de mi, una fuerte luz me pego de frente y al principio no pude ver bien lo que pasaba en el exterior, luego me di cuenta, era una fiesta, sonreí y me calme un poco.
Decidí salir para ver lo que me habían preparado, inmediatamente pude ver aun simpático hombrecillo parado de forma graciosa vestido con ropajes multicolores, me fui acercando a el tomándolo por un simple payaso cuando sin previo aviso me lanzo una lona sobre mí rostro interrumpiendo mi visión, eso me molesto sobre manera y trate de empujarlo para decirle que no lo hiciera, mas el siguió y siguió hasta que me hizo enojar. Ya lleno de furia embestí sobre él mientras la gente gritaba al observar mi pelea con el payaso, mi ira se acrecentaba y la emoción de la gente alrededor también crecía.
Inesperadamente y después de haberme cansado este sin ningún signo de misericordia me incrusto un par de varillas de metal sobre mi espalda, fue un dolor intenso y sin precedentes el que sentí, en ese momento mi furia se transformo en miedo, ¿me iba a matar?, ¿qué clase de fiesta era esta?, ¿quién cuidaría de mi mujer e hijos?; mientras esos pensamientos surcaban mi mente la multitud extraña y confusa aplaudía llena de una enfermiza felicidad ante las oscuras gotas de sangre que caían hasta el piso al tiempo que gritaban: ¨ Ole, ole ¨




J.A.N.A.C.

LA CASA DE LOS SECRETOS


UNA HISTORIA INTERESANTE RELEGADA AL OLVIDO POR LOS ASI LLAMADOS SABIOS DE LA LITERATURA POR FALTARLE MUCHO Y SOBRARLE ALGO. ESPERO LES AGRADE ALGO SIQUIERA:




La Casa de los Secretos



Era una madrugada de abril, las calles estaban vacías y los faroles en ellas titilaban con una tímida luz blanquecina.
Marina Saratrosta miraba esta vacía imagen del pueblo donde ella había vivido desde que tenia uso de razón, lo miraba a través de una ventana de su vieja casona de tres pisos y mientras lo hacia suspiraba. Y sus pensamientos la llevaban a mil y un recuerdos acaecidos en aquellos lugares ahora sin vida o movimiento alguno.
La luna llena iluminaba las húmedas calles del pueblo cafetalero el cual parecía perdido en el tiempo y mientras un cálido viento paseaba por el pequeño poblado la joven de rasgos europeos volvía a suspirar llevándose un cigarro encendido a su boca para luego echar bocanadas de aquel humo gris. La joven de largo pelo rojizo se sentó en el marco de la ventana mientras seguía observando la misma escena.

- Dieciséis años en este maldito pueblo y cada vez me siento mas atrapada - Se dijo a si misma mientras veía las vacías calles por la ventana.

La joven bajo los ojos por un momento, suspiro y luego se acerco a la puerta de su cuarto con pasos lentos y cansados, la aseguro para luego sentarse en la mecedora de madera y mimbre, volvió a suspirar para luego botar el habano que tenia en la mano, tomo otro de un cajón cerca de la mecedora donde estaba sentada y lo encendió lentamente disfrutando de cada bocanada que daba cerrando los ojos complacida mientras esbozaba una gentil sonrisa.
Una cuerda se deslizo por fuera de la ventana de la habitación de Marina y de ella bajo un joven de desordenado pelo café y una juguetona sonrisa en sus labios, el chico se sentó en el marco de la ventana y la miro por unos segundos embelesado por su infantil belleza.

- Veo que aun te gusta fumar a escondidas, ¿Verdad? - dijo el pequeño con una voz chillona.
- ¡Matías viniste! - Exclamo Marina mientras se levantaba de la mecedora para abrazarlo con fuerza.
- ¿Cómo perderme el ver por ultima vez a mi vecina favorita?, fue algo difícil bajar de mi ventana a la tuya con la soga que me diste pero al fin lo hice por ti - Explico el joven que respondía al nombre de Matías Rosado.

Ambos jóvenes se miraron mutuamente cuando dejaron de abrazarse y se sonrieron sonrojándose ambos. Marina camino de regreso al mueble donde ella tenia guardados los cigarros y saco otro ofreciéndoselo con gentileza a su amigo, este miro el cigarro e hizo un gesto de negación con su cabeza, la joven le respondió sin palabras, como si no le importara mucho y lo devolvió a su lugar volviendo a encender el que tenia en la mano el cual se le había apagado e inmediatamente empezó a lanzar grandes anillos de humo gris por su boca.

- Sabes que puedes morir por eso, ¿Verdad?
- Lo sé - Respondió Marina volviendo a aspirar el cigarro.

Matías se sentó en la cama de la joven y la miro mientras ella se volvía a sentar en la mecedora, la mirada del joven demostraba ternura hacia la bella muchacha allí sentada, mientras los grillos cantaban en la noche silenciosa. Matías miraba a la muchacha de arriba a abajo como si fuera la más hermosa de la tierra.

- Deja de mirarme así - Exclamo la joven mientras apagaba su habano en el mueble cercano y se retiraba el cabello rojizo de su triste rostro
- No puedo evitarlo, siento que te voy a extrañar mucho cuando ya no estés cerca de mí.
- Yo también te extrañare pequeño, extrañare todo esto pero es lo mejor para todos.
- ¿Estas segura?, pensé que nunca te irías, que nunca tendrías el valor de dejar esta casa.

Marina volvió a sonreír guardando el habano en el cajón donde solía esconderlos junto a lápices y hojas de papel, luego se levanto y tomo asiento en la cama donde Matías estaba sentado.

- Ya era hora, era hora de dejarlo todo, ya estoy harta de aparentar lo que no soy, ya estoy harta de esconder los problemas y de todos estos secretos - Le dijo a su amigo mientras desviaba su mirada a sus nerviosas manos.
- Te entiendo - Susurro Matías acercándose a ella y abrazándola cariñosamente tratando de consolarla
- Esperare hasta la noche siguiente - explico la joven evitando la mirada de su amigo.

El joven de unos catorce años volvió a abrazarla tratando de que parte de ella se quedara dentro de el y mientras lo hacia cerraba sus ojos fuertemente evitando derramar lagrima alguna deseando en el fondo que este abrazo durara toda la vida y que el tiempo no volviera a correr mas.
El tiempo fue pasando lentamente mientras ese abrazo se alargaba y la luna se iba escondiendo poco a poco mientras el sol iba mostrando su brillante cara al pueblo cafetalero y su gentil luz se iba filtrando por la ventana de Marina mientras los pajaritos cantaban dando la bienvenida a un nuevo día.

- Esta amaneciendo, es mejor que te vayas - dijo finalmente Marina mientras se apartaba del abrazo de su amigo y confidente empujándolo ligeramente.
- Me iré, pero prométeme que no te iras sin despedirte de mí - Susurro Matías mientras una solitaria lagrima recorría su joven rostro.

Marina asintió.

Luego de que ella se asegurara que Matías regresaba a salvo a su habitación en el segundo piso de la misma forma en que entro quito el seguro de la puerta, apago dos agonizantes velas que mantenían iluminadas la habitación durante la noche y se recostó pesadamente en su cama la cual era dura como una piedra pero era después de todo una de las pocas cosas que podía decir que eran suyas de verdad. Y así se perdió en el mundo de los sueños tratando de olvidar lo que vendría dentro de poco.
Al abrir sus azules ojos lo primero que observo aun adormilada fue un pequeño gato negro recostado sobre ella, al darse cuenta el animalito de que su dueña se había despertado este empezó a ronronear suavemente.

- Hola gatito - Saludo al animal mientras se levantaba.

El olor a granos de café llenaba el pueblo y ese aroma era un perfume para la nariz de aquella niña, se asomo por la ventana para observar a la gente que corría a sus trabajos o escuelas, a pie, en bicicletas o en alguno que otro viejo auto por las angostas calles del lugar, todos ocupados cual hormigas en hormiguero, siempre pensando en ellos mismos y nunca en los demás.

- Otro día igual que el anterior - Suspiro algo descontenta.
- ¡Marina!, levántate vaga de mierda - exclamo una voz la cual provenía del piso inferior de la habitación.
- Ya voy mamá - respondió la joven notablemente desganada al oír aquella voz.

La delgada figura de Marina bajo hasta la cocina donde su madre lavaba los platos mientras insultaba a la pobre chica a la primera oportunidad posible, mas ella hacia de oídos sordos a la hostil charla de su progenitora.

- Me voy al río mami - dijo esta acabando de desayunar rápidamente.
- ¿Al río?, siempre es lo mismo contigo, todos los viernes sales al río en la mañana y no regresas hasta la noche y bien sabes que es el único día libre de tu padre ¿no? - exclamo la señora secándose de mala gana las manos.
- Tal vez por eso me voy - Susurro la joven mientras salía por la puerta de la cocina.

Las calles aun seguían húmedas como si en la madrugada hubiera caído una pequeña llovizna y los charcos en las calles y veredas servían como bebederos para las aves y animales del lugar.
Cuando la joven finalmente llego al río no había nadie a la vista así que simplemente se recostó sobre una gran roca al pie de un recodo de este dejando que el sol calentara su piel.

- Tomando baños de sol ¿Eh?- sonó una voz detrás de ella que la hizo sobresaltar.
- ¡OH! Matías eres tu - dijo aliviada al verlo
- ¿Quién pensabas que era?; ¿Tu papi?
- O algo peor - le respondió mientras le hacia espacio en la gran roca donde ella se encontraba.

Los dos amigos se quedaron juntos y en silencio, ambos sabían demasiado el uno del otro, ambos compartían secretos, unos buenos y otros demasiado oscuros para ser siquiera comentados.

- ¿Adónde te gustaría ir? - Pregunto finalmente Matías mientras lanzaba una piedra al río.
- Japón
- ¿Japón?; ¿por qué Japón? - Pregunto extrañado el joven.
- ¿por qué no?, por un lado queda lejos de aquí y por otro lado he oído que es un lugar maravilloso - dijo la joven mostrando una bella sonrisa en su rostro.
- Y entonces si tuvieras como supongo que irías sin titubear ¿no?
- Si, pero no solo irme como cualquier persona, me gustaría irme con fuego marcando mi pasado.
- ¿A que te refieres? - Pregunto el chico mientras escondía una herida reciente de su brazo izquierdo.

Marina lo vio, el joven no podía esconder nada a su amiga de toda la vida.

- Nueva ¿eh? - Comento Marina tratando de cambiar el tema - ¿Tu mamá?
- No esta vez fue mi papá, me siguen golpeando y ahora con la excusa de que no quieren que me vuelva gay como mi hermano.
- Como si eso fuera una enfermedad ¿no?, pero tu hermano tiene diez y sietes años, el ya no es un bebe y tu tampoco, por ultimo es su vida no la de ellos ¿No?
- Lo sé pero díselo a mis padres

Luego de esa conversación el silencio volvió a apoderarse del lugar y aunque Matías aun no estaba seguro de lo que había querido decir su amiga con lo del fuego no insistió en ese tema, simplemente te callo y se mantuvo a su lado tratando de hacerla sentir feliz.
Y así estuvieron por varias horas hasta que la noche llego indicando la hora de la separación para ir por distintos caminos con sus familias ya que aunque vivían en la misma casa solo eran vecinos no parientes.
La joven se retraso lo mas que pudo para evitar ver a su familia la cual consideraba una carga mas que una bendición. Al pararse frente a la gran casona de tres pisos la observo con un terrible odio, la parte de abajo era la casa común donde las familias del segundo y tercer piso departían mas eso rara vez sucedía pues esas familias casi no se llevaban.
Marina suspiro molesta y resignada a entrar a aquella casa la cual conformaba tanto su hogar como su prisión.
Encontró una escena ya familiar para ella, su padre, madre y hermana mayor discutiendo por alguna tontería y como de costumbre la culpa la terminaba teniendo ella.
Finalmente la mandaron a su habitación sin cena ni excusa que valga.

- Esto acaba hoy - Exclamo la joven mientras se miraba en el espejo de su habitación y abundantes lagrimas recorrían su rostro.
- Si Marina, esto acaba hoy - Le dijo Matías mientras ingresaba por la ventana.
- ¿Qué haces aquí?, pensé que nos veríamos en las afueras del pueblo
- Hubo un cambio de planes, no te dejare, si vas a huir lo harás conmigo a tu lado - le dijo mientras le mostraba su valija ya empacada.

La joven no supo que decir, simplemente lo abrazo y le dio un tierno beso en la mejilla, al hacerlo ella sonrió y el se sonrojo. Ambos sabían los peligros y los problemas que tendrían al estar solos pero ansiaban la libertad mas que nada en este mundo.

- Antes de irnos honrare tu deseo - dijo el joven sacando una caja de fósforos.
- ¿Mi deseo?
- SIP, me tomo un tiempo pero ya lo entendí. Te iras con fuego marcando tu pasado - Y dicho esto encendió la caja completa lanzándola sobre la cama de la chica.

Al ver esto ella sonrió complacida y mientras el fuego se apoderaba de su habitación ellos descendían por un viejo tubo de aguas lluvias cercano a la ventana por el que ambos bajaron a la calle empedrada mientras las llamas se apoderaban de aquel cuarto alertando a los vecinos y familiares.
Ninguno de los dos quiso mirar hacia atrás, como si al hacerlo pudiera traer los duros recuerdos en aquella casa llena de secretos.

J.A.N.A.C.