26.1.10
La critica social de los Muertos vivientes
3.1.10
Capitulo 4 (Los Niños del Abismo)
Continuando con la historia que aqui estoy publicando les hago entrega del cuarto capitulo:
18.12.09
¡El Sello Editorial Marfuz Segun su Fundador!
4.12.09
¡PaRanOiA! mas agresiva que nunca y sin vuelta a la Razon o.O

En otras entradas he tratado el asunto de las amistades intergeneracionales alli he expresado no solo mi logica y diferentes opiniones sino los diferentes No Es Correcto que mucha gente en la sociedad se pone para detener sus sueños ya sea por miedo o por simple estupides pero los mayores retrogrados que han impedido el avance de la sociedad ha sido la religion. Muchos las necesitamos en nuestros momentos de desesperacion y soledad pero muchos otros la utilizan para sus guerras privadas o en crueles intentos de separacion, ya sea por racismo o sentimientos de absoluta omnipotencia.
El miedo a la libertad gobierna a muchos paises pues el exceso de libertad en ciertos ambitos puede crear monstruos, violadores que abusan de su poder para imponer sus deseos carnales y en ese miedo y paranoia surgen leyes absurdas avaladas por el pais de mayores contrastes entre la estupides y la genialidad: USA
Leyes absurdas y notablemenet paranoicas salen convirtiendo gente normal en terribles abusadores sexuales con reglas como: If you look at children in public your a sex ofender(si miras a un chico en publico eres un abusador sexual), If you get caught taking a pee your a sex ofender(si te descubren haciendo pipi), If you breastfeed your baby your a sex ofender (Si le das el seno a tu bebe), entre otras leyes absurdas diseñadas para esconder su sexualidad y la curiosidad sexual en los adolecentes, incluso uno puede terminar en la carcel si es descubierto masturbandose lo que ahora se considera como auto abuso sexual(¿?)
El miedo rige las vidas de muchos seres humanos hoy en dia, ya no aceptamos nuestros cuerpos como son, nuestra piel ya no la consideramos acertada para mostrarla en publico a menos que estemos mas alla de la perfeccion(de ahi el que muchas mujeres y algunos hombres visiten tanto al cirujano plastico en los paises desarrollados), pero la pregunta cabe, ¿esas leyes detendran a los verdaderos abusadores? o tal vez, ¿creen nuevas generaciones con mayores miedos y paranoias?
Tal vez para entenderme deberian leer los post anteriores que he linkeado a ciertas palabras claves o tal vez aun asi no me entiendan ni un pito...aun asi, nosotros los artistas somos de los pocos que somos perseguidos por caminar en libertad y con suficiente temor de los demas como para esconderlo al mismo tiempo y es que como artistas debemos crear belleza por mas terrible que esta sea es nuestro derecho y nuestra maldicion crearla y por ello podemos facilmente entrar en el sector de la paranoia sicopata de muchos que creen que protegen a sus pequeños quitandoles la curiosidad y la inocencia antes de atreverse a usarla...
Tal vez quieran saber que ha sido de mi vida...tal vez no les interese un comino y como aun estoy desarrollando una nueva entrada que de seguro les hara pensar por el momento les dejo una actualizacion de lo que me ha pasado este año, para ello tendran que acceder a este link: http://shaoranlee.deviantart.com/journal/28729295/
23.11.09
Opinion de la Poeta sonia Manzano del Aullido de las Moscas
Irrespetando la línea imaginaria que separa lo real de lo onírico y lo espectral, José Núñez del Arco(Guayaquil 1980), nos introduce en las venas el liquido escalofriante de los submundos ocultos, sirviéndose de un instrumento mediático: El aullido de las moscas, libro de pequeño formato cuyas apretadas paginas nos revelan a un genuino maestro de
La narrativa de Núñez del Arco, llena significativamente ese vacío con sus cuentos irreverentes, mezcla de premoniciones y miedos, pero también combinación atrevida de sexo locura y muerte.
El miedo esta impreso de manera recalcitrante en varios relatos de este ensordecedor “coro de aullidos” cuyo vigor espeluznante se hace presente desde el mismo autoprologo del libro, el que es una tacita advertencia del autor a sus potenciales lectores en el sentido de que los esperan historias desestabilizantes, narradas por una voluntad creativa “poseídas por fuerzas demoníacas”.
El miedo tratado en forma bifronte: el que experimenta la psiquis y el que palpita en el mundo externo, oprime entre estos dos aspectos al protagonista de “Tranquilizante Fílmico”, quien en si concentra los caracteres de los protagonistas de este cuentario: casi todos los personajes horrorizados del papel que les ha tocado cumplir dentro de las dramáticas situaciones que encaran los cuentos.
El miedo, como factor de suscitación sexual, tendrá una presencia enfática en el texto “orgasmo interdimensional”, cuyo clímax sobrevendrá luego del manipuleo obsesivo al que el protagonista somete a un cubo de juguete, que cobrara súbita vida cuando “cientos de pequeñas cadenas con garfios afilados emergieron del interior de aquel ser espectral, fijándose a todo mi cuerpo desgarrándome lentamente, excitándome, deshaciendo mi ser en un orgasmo inacabable, matándome”.
Cuentos dentro de los cuales el paroxismo textual esta articulado al cimas de tipo sexual, son aquellos en los que la voz protagónica se entrega con intensidad a encuentros amatorios con seres vivos o con muertos, o también consigo mismo, cuando practica el placer carnal en solitario.
Textos marcadamente eróticos constituyen “Serpientes en mi”, “El clímax del silencio” y “Conversación Final”, los que por su literaturalidad implícita no se internan en el campo de la explicitad pornográfica, sino que se mueven en un clima de abierta sugestividad.
“Aúllan las moscas” de manera ensordecedora cuando se posan sobre la textualidad pútrida de piezas de innegable calidad como “El Intercambio” y “Bajo las sombras del olvido”.
Cuento nimbado por un halo fantasmal, como el característico de la “Mansión Usher” de Edgar Allan Poe, es “El Intercambio”, el que presenta como foco argumental una situación del todo inédita en la realística nacional, la que obligado a enseñarle a su hermano menor, quien irremediablemente va a morir a causa de un cáncer terminal, el espacio en el que reposara su muerte por siempre: un cementerio.
Mención especial merecen los cuentos breves del narrador, todos ellos provistos del elemento sorpresa, cuando no de una dosis de humor negro, como los titulados “Velatorio”, “Claustrofobia”, “Uno de despedida”, etc. Destaca en estas piezas cortas el titulado “
Con El Aullido de las Moscas, José Núñez del Arco ingresa por derecho propio, y bien consolidado, a los anales prestigiosos de ese rubro de la narrativa ecuatoriana, todavía poco cultivada, en el que la paranormalidad se fusiona al mundo real para entregarnos, productos en los que la opaca sombra de la premonición se conjuga con la luz del verdadero hallazgo literario.
Sonia Manzano Vela
1.11.09
Los Niños del Abismo(Cap.3)
- 3 -
- Es lo más interesante que he escuchado – dijo la joven con un rostro maravillado por las palabras de aquel distinguido caballero, mientras sorbía un poco del vino que contenía la copa.
El anciano sonrió y probó un poco del vino también, mientras suspiraba observando el líquido carmesí que contenía la copa, imbuido en sus propios recuerdos al tiempo que decía:
- Y es tan solo el principio.
- No puedo esperar a que me diga el resto – insistió la joven de bienes raíces, mientras se le iluminaba el rostro.
El anciano sorbió un poco más del vino, lanzó un largo suspiro y sonrió mostrando unos perfectos y blancos dientes a la joven vendedora.
- Todo a su tiempo mi amiga, si le contara toda la historia ahora, ¿dónde estaría la diversión?
La joven entendió que aquel abreboca sería todo lo que el anciano contaría sobre su vida en el orfanato por el día de hoy.
- Lamento haber sido tan insistente
- No se disculpe, venga a la misma hora mañana, esta vez me encontrará aquí mientras arreglo todo, le prometo que le contaré algo más sobre mi vida, si así lo desea.
La mujer asintió con una sonrisa.
La tarde agonizaba y, mientras la joven vendedora salía del edificio, veía como el anciano se detenía en mitad del patio interior observando las habitaciones ahora vacías del lugar, los pasillos y escaleras, era como si aun pudiera escuchar las risas y la humillación de su primer día en aquel lugar, al igual que el recuerdo de su salvadora la cual parecía traerle una sonrisa cada vez que la mencionaba, aquella actitud hizo que la vendedora sintiera más curiosidad sobre aquel viejo fotógrafo y la idea de regresar a escuchar el resto de la historia se hizo por demás irresistible.
22.10.09
18.10.09
Los Niños del abismo (Capitulo 2)
-2-
“No estoy seguro de quién fui, solo sé que cuando pisé éste edificio no sabía nada más y dudaba de todo y de todos; mis padres habían muerto y mis abuelos paternos que eran mi única familia no me querían, ellos tenían una casa a algunos kilómetros de aquí pero esa casa estaba vacía, les pertenecía pero por alguna razón que desconozco ellos preferían vivir en la capital y no en esta ciudad, apenas tenia ocho años y mi futuro parecía más oscuro cada vez, por donde lo mirase...”
Mientras el viejo mencionaba esta introducción a la muchacha, el vino tinto caía dentro de las copas haciendo un curioso sonido en aquel silencioso recinto y trayendo todos los recuerdos del anciano a su cabeza
“Recuerdo ser guiado por un muchacho de apenas veinte y pico de años de rostro pálido a través de una gran construcción en la que pude ver en una placa de mármol una imagen de Jesús con niños alrededor y una frase: <<>> esa placa de mármol es lo único que queda de aquellos días, eso y mis recuerdos:”
- Este es el muchacho del que le hablé, señor conde – dijo un joven mientras me sostenía de la mano izquierda, al tiempo que con mi derecha sujetaba fuertemente un peluche viejo.
- Así que este es Manuel, ¿eh? – dijo el caballero, quien a mi parecer lucía extremadamente anciano; con el tiempo me daría cuenta que no era tan viejo como pensaba – no te asustes mi niño, sé que esto es mucho para alguien como tu, solo trata de estar tranquilo; nada malo te sucederá, ahora estás entre amigos.
Yo hesité en ese momento, la sala donde había ingresado era inmensa y una gran chimenea calentaba el lugar, el cuarto se veía acogedor en extremo y lo complementaba la alfombra de pared a pared y la música que provenía de la victrola, el antecesor del equipo de sonido.
Extendí mi mano con una inmensa timidez soltando la del joven que me había acompaño desde el hospital hasta aquella inmensa casa y traté de esbozar una sonrisa, pero los puntos de las heridas aun estaban frescos y al tratar de sonreír solo pude soltar unas lagrimas de dolor.
- Ten calma mi niño, estás en casa ahora.
- Casa... – fue lo único que atiné a balbucear al tiempo que el joven me llevaba al patio interior fuera de la oficina de aquel elegante caballero.
- Te acomodaremos aquí por un tiempo Manuel, pronto te sentirás mejor – me dijo el joven, si embargo yo estaba más distraído por la inmensa luna llena que emergía de aquella noche estrellada, la cual parecía vigilar el singular edificio donde me encontraba.
Fui conducido a través de escaleras de cemento por un pasillo largo, hasta llegar a una puerta, en la habitación que estaba detrás de esta una luz aun estaba encendida; al abrir la puerta, el chirrido alertó a quienes estaban adentro y las risas y gritos en su interior cesaron de improviso.
Rostros infantiles se detuvieron observando al joven que me acompañaba y a mí mismo con extrema curiosidad mientras la luz de las velas les iluminaba el rostro.
- Siento interrumpirlos muchachos, pero les traigo un nuevo huésped para su cuarto – dijo el joven mientras me empujaba ligeramente al interior de aquella gran habitación.
- Es el nuevo que dijo el conde que vendría, ¿cierto? – preguntó un chico delgaducho y de mirada dura al tiempo que me examinaba de pies a cabeza.
- Así es Jorge, se llama Manuel, espero que lo hagan sentir en casa.
- No se preocupe señor, lo haremos sentir en casa – respondió un pequeño de cabello rubio y ojos saltones al tiempo que le guiñaba un ojo de manera cómplice a quien me acompañaba.
- Bien, pues los dejo para que se vayan conociendo. Tu cama es la de allá Manuelito, recuéstate mañana será un día ajetreado para ti – dijo el joven mientras me señalaba una mullida cama bien ordenada y lista para recibir un nuevo inquilino.
Caminé lentamente mientras sostenía con ambas manos mi bolso con tanta fuerza que parecía que se fundiría con mi cuerpo y con cada paso mi corazón parecía latir a mil por hora.
Todos los muchachos del amplio cuarto me miraban con extrema curiosidad mientras caminaba en medio del corredor de camas, algunos lo hacían de reojo mientras permanecían acostados, otros se habían sentados sobre sus camas para observarme mejor y algunos otros ni siquiera se habían interesado en observarme y permanecían dormidos profundamente; finalmente llegué a la cama señalada pero tenía miedo de subir a ella cuando una mano delgaducha me tomó del hombro sacándome de mis meditaciones y empujándome a la cama, no con furia o desgano sino de una forma amable y gentil, era el chico flacucho al que habían llamado Jorge.
Me estaba sonriendo, aunque a pesar de su sonrisa lo que más me impresionó fue su mirada la cual tenía una extraña mezcla de rudeza y ternura que me hizo temblar más que calmarme; tuve miedo de pronto ante aquella bizarra situación de en un momento a otro perder todo lo que había amado y vivir en un extraño lugar al que cada paso parecía una amenaza constante para mi.
- Estarás bien – me dijo el joven mientras me empujaba a mi cama – el lugar no es tan malo siempre que tengas los conocidos adecuados.
Aquella frase me intrigó en extremo, mas, preferí no preguntar solo me arrastré a mi cama a tratar de dormir aferrado aun a las pocas cosas que podía llamar mías.
No transcurrieron más de dos minutos de haberme acostado, cuando sentí unas manos frías sostenerme y arrancarme de la cama donde dormía; aquellas manos se volvieron en innumerables sombras en una noche inusualmente oscura, todo el edifico estaba en prácticamente absoluta oscuridad y no había ruido alguno a excepción de alguno que otros grillo lanzando su canto nocturno, mi corazón latía a mil por hora, hacía tan solo unos días había visto los cadáveres reventados de mis padres contra una calle de tierra y apenas hacía unas horas mi única familia había decidido olvidarme enviándome aquí; ahora cuando ya me sentía en casa y pensaba que podía dejar toda esa pesadilla atrás manos oscuras me agarraban y arrastraban a algún lugar desconocido.
- ¡No! Déjenme – grité, sin embargo una de esas manos me tapó la boca con una cinta para evitar que siga gritando.
- Sshhh, tranquilo esto pasa con todos – me dijo una de las sombras, mientras me arrastraba al patio interior y me sentaban en una silla en medio de este para luego alejarse del lugar.
Pasaron unos minutos; largos minutos que parecieron horas en donde me encontraba solo yo sentado en una silla, con una cinta tapándome la boca y con las manos y pies amarrados sin que nadie dijera nada de la razón por la que hacían eso. Finalmente gruesas lagrimas empezaron a caer de mis ojos, la presión era demasiada y la única forma de sacar el dolor era llorando; no paré de llorar, ni siquiera cuando todas las luces interiores del edifico se encendieron iluminándome y todos los niños y niñas del lugar se encontraban allí asomados riendo a carcajadas mientras me observaban llorar.
La risa aumentaba y ahogaban mis gemidos lastimeros. Cada risa parecía una explosión de hilarante felicidad por el sufrimiento que observaban en mis ojos, parecía que esa tortura duraría por siempre, pero inesperadamente todas las carcajadas se detuvieron de improviso.
Del lado izquierdo del gran patio bajó alguien; mis ojos llenos de lágrimas me hacían difícil distinguir quién era, descendió de entre el grupo de personas que me observaban riendo y al bajar la escalera hasta el patio interior pude observarla mejor, era una niña, no parecía tener más edad que yo, sus ojos café claro se iluminaban con fiereza al observar a los que se encontraban alrededor de los balcones y su pelo oscuro volaba con el viento.
Quería memorizar su rostro, recordar quién era ella para, tal vez agradecerle que acabara con esta tortura, pero mis ojos llenos de lágrimas apenas podían distinguir los rasgos ya mencionados. Ella se acercó, observó a todos a su alrededor con una mirada que solo podía pensar que era furia y finalmente se arrodilló ante mí y me desató.
- Estás bien – me dijo sin siquiera inmutar su rostro que permanecía inexpresivo, a excepción de sus ojos en los que podía adivinar algo de rencor y furia.
Mi primer instinto fue tratar de abrazarla, pero ella me apartó de inmediato, me tomó de la mano y me condujo hasta el cuarto, me acostó y luego de arroparme me dijo:
- Todo estará bien por la mañana, trata de dormir.
Su voz tranquilizó mi corazón y mi cuerpo se relajó, otra vez caía en el profundo sueño y aquel extraño ritual de tortura nocturna se empezaba a asemejar más a una pesadilla que a algo real.
- Mi nombre es Josselyn, siempre podrás contar conmigo – fue lo último que recuerdo de aquella primera noche, antes de caer en el más profundo sueño que jamás haya tenido o tuve desde que nací.




